La náusea.

Leña de una hoguera que arde hasta el hartazgo,detrás de cada paso,escondiéndose en todo lo que ves, en la sombra de ti mismo,un eco latente entre los ruidos, entre las voces, entre las canciones que te inventas para consolarte. Frutos de un bosqueahogado en su hojarasca,en cada metro cuadrado,pudriéndose sobre todos tus caminos,sobre la cama … Sigue leyendo La náusea.

La amenaza latente.

Vi­vi­mos en una pe­lí­cu­la de sub­tí­tu­los au­sen­tes, es­con­di­dos en al­gu­na car­ta que bus­ca­mos co­mo si fue­ra di­ne­ro, pe­ro sin tác­ti­cas ni es­tra­te­g­ias. Aq­uel día que nos vi­mos por ca­s­ua­li­dad, ca­mi­nan­do en di­rec­c­io­nes di­fe­ren­tes, pu­de le­er la son­ri­sa que lle­va­bas pues­ta, co­mo de fe­li­ci­dad, aun­q­ue los sub­tí­tu­los ha­bla­ban más de nos­tal­g­ia y me gri­ta­ban: Re­gre­sa. En ca­so … Sigue leyendo La amenaza latente.

El autor le pregunta a la muerte.

Me la pa­so pen­san­do en ti y en la si­t­ua­ción que nos en­v­uel­ve, los obs­tá­cu­los que mi­nan el ca­mi­no pa­ra es­tar jun­tos. Ca­mi­no en ci­clos de ocho pa­sos, voy con­tán­do­los; no es­tar con­ti­go es ca­mi­nar en cír­cu­los, ine­vi­ta­ble­men­te. Voy acos­tán­do­me en pas­tos o va­gan­do por las ca­lles, des­ve­lán­do­me pa­ra es­pe­rar ab­sur­da­men­te que to­q­ues la puer­ta … Sigue leyendo El autor le pregunta a la muerte.