Condena.

¿Por qué he de ser tan endeble?
Esta piel de papel, estriada y rota;
estos aires que no soplan ni arrullan;
estas entrañas enfermas, tiritantes, locas.

Carnes secas ulceradas bajo el sol,
crujen las vértebras, arden y crepitan;
estrellas solitarias, focos de la muerte,
brillaré también, sus filosas luces lo anuncian.

Gélidos astros, congelados dioses,
ciclópeos corazones fríos que laten
en la soledad de su quietud, lentamente,
habitados de agujeros, minados de vacíos.

Estamos todos cansados,
tirando los días en el desvelo,
queriendo arribar, queriendo el final,
que la vida es decadencia y no caemos.

Estamos ahogados en sal,
bajo sábanas negras empapadas
de sombrío orvallo, mustio sollozo,
cobijando dudas que no se saben callar.

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