Súplicas desoídas.

Quédate esta noche, por favor,
que esta soledad me entierra,
estas ansias desesperadas
de un amor que no se entrega,
que va penando su no destino,
como un globo reventando a todas horas,
adentro de la almohada,
entre las plumas de unas aves ya muertas,
plumas que no escriben, que ya no vuelan.

Quédate esta noche, por favor,
que todas las cosas se me quiebran,
estos años de ganas frustradas,
de un temor de ser siempre nada…
que se empolva uno de tiempo
como se cubre de hojas secas la tierra,
atrapado en su tristeza,
entre los dolores de ancianos amores,
amores que ya no están, que ya no esperan.

Sabrían mis lágrimas en qué lagos fundirse,
sabrían mis rezos a qué dioses rendirse,
sabría mi voluntad en qué manos dormirse;

no estaría aquí bajo estos puentes caídos,
bajo estas lluvias filosas sangrando el frío,
bajo estas lunas pesadas que preguntan por ti.

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