En cuenca.

Acaso naufragan en sus ojos
cada uno de mis barcos perdidos,
en esos espacios vacíos, en esos
huecos informes, cavidades sin piso.

Acaso zozobran en sus montañas
cada una de mis flores marchitas,
de mis árboles ajados, de esta
llanura podrida en desdicha.

Acaso van flotando en sus linfas
cada una de mis islas desiertas,
en sus ríos serpentinos, en sus
lagos abisales, en sus mares de cal.

Acaso hierven en sus escudillas
cada uno de mis músculos muertos,
de mis huesos mordidos, de estos
pedazos de madera carcomida.

Acaso yacen en sus rimeros
cada una de mis piezas perdidas,
de mis fragmentos quebrados, de mis
pedazos rotos, de mis ruinas torcidas.

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