Equinoccio vernal.

La noche me ha dado a luz en su oscuridad,
y yo me arrullo en sus brazos nocturnos,
en sus tinieblas maternas de hoguera encendida.

Le rezo a un dios que en la sombra se esconde,
y yo me inclino ante sus barbas heladas,
ante sus nieblas paternas de oración apagada.

El amor habita en mis pesadillas,
acaso soy yo el que vive en las suyas,
acaso es él quien me sueña;
etéreo romance de casa vacía,
menuda poesía de mares mortales.

Escribo mi padre y hablo mi madre,
tomo sus bocas y beso sus manos;
¿qué será este ser humano sin su humanidad,
sin sus herencias calladas de azúcar y sal?
¿qué diría esta voz sin sus voces?

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