La náusea.

Leña de una hoguera
que arde hasta el hartazgo,
detrás de cada paso,
escondiéndose en todo lo que ves,
en la sombra de ti mismo,
un eco latente entre los ruidos,
entre las voces, entre las canciones
que te inventas para consolarte.

Frutos de un bosque
ahogado en su hojarasca,
en cada metro cuadrado,
pudriéndose sobre todos tus caminos,
sobre la cama en que mueres,
una nava desierta entre los pontos,
entre las horas, entre las escenas
que te escribes para sopesarte.

Se oculta la tristeza en todas partes, la pesada insustancialidad,
y las plumas se te encajan por debajo de las uñas,
y las escamas se te arrancan con la fuerza de las olas,
y las apatías te abrasan y nada te alivia,
y los incendios te abrazan y todo te abruma,
y huele a quemado, y sabe a manzanas.

Y nada te alivia,
y todo te abruma.

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