Gotera.

Tumbado en el lecho,
a la luz de una lámpara taciturna,
envuelto en el llanto del niño que he sido,
una canción viene a mecer esta cuna,
cuna de llanto, de pena y olvido.

Horas calmadas de mares perdidos,
se escucha el eco del palpitar
de un corazón que se sabe herido,
sin más vida que la que grita su agonía,
sin más temblor que el de sus ruinas en caída.

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