Mirando.

La noche tan llena de almas,
la languidez de las llamas,
el cariño en la voz del sordo,
la suerte que tiene el ninguno.

La serenidad de las horas,
la palidez de las flamas,
el oído en el amor del mudo,
la nada que tiene el suertudo.

El sueño de la boca en deseo
y la bebida de beso en volo,
el olvido jamás podido
y el parto de los ojos dormidos.

El temblor lunático del corazón,
lo blanco de las sábanas y el tango,
el movimiento y los violentos giros,
la pintura en las caras del dado.

Dedos ahogados en cabello,
muertes bajo sales de anhelo,
hojas secas tejiéndose miedos,
sudor de saetas en perfume leño.

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