Fragmentos.

17 de diciembre. Sé que Jesús y Agustín están muriendo de alguna enfermedad que no entiendo del todo, sé tan poco que es casi como si lo supiera sólo por intuición. No los he visto mucho, pero cuando nos encontramos puedo observar una especie de ronchas en su piel. He estado llorando.

También por eso es que últimamente el apetito no se ha presentado a diario. Incluso cuando como no sé lo que como, y siempre como mientras camino a través de las habitaciones de esa casa en ruinas. Acabo lo que como y dejo las sobras en donde sea que me encuentre.

Anteayer dejé una lata sobre la mesa de la cocina. Agustín estaba recargando su cabeza también sobre la mesa. Cuando dejé la lata me miró algo molesto sin alzar completamente la cabeza. Le pedí perdón y salí de ahí, lloré.

Ayer había gente en la sala que no reconozco, seguro que son familiares que sólo aparecen cuando tienen que hacerlo. Hoy desperté llorando en la mañana y no he parado, mis rodillas caen al suelo.

18 de diciembre. Mi hermano y yo lo hemos planeado a escondidas, lo he convencido. Al fin tuvimos sexo, lo penetré en diferentes posiciones. Sus glúteos me parecen especialmente lindos y excitantes.

19 de diciembre. Traiciono a las personas cercanas, personas que han sido mis amigos, pero todos lo hacemos, y no siempre intencionalmente.

He ido a la escuela de Jesús y Agustín, iban a la misma escuela de color grisáceo o algún tono azul opaco en la que también estudié yo. Me perdí recorriendo los pasillos de aquel gran edificio, hasta que un señor muy parecido a mi padre me guió.

En algún punto del día, escribí en una de mis playeras negras, en letras blancas, que Jesús no existe. Al escribirlo sentí que lo hacía por venganza, aunque no estoy seguro de lo que quiero vengarme.

20 de diciembre. Recuerdo escenas borrosas en familia, personas conocidas que no veo desde hace tiempo. Ningún recuerdo conecta, son hechos aislados y a medias.

21 de diciembre. He ido a una fiesta con algunos amigos, bebimos demasiado, no estábamos del todo conscientes. Cuando nos íbamos un chico nos invitó a otra fiesta, nos negamos hasta que nos convenció.

Llegamos a una casa de paredes amarillas en tonos claros. Al final sólo quedé yo con la dueña de la casa y otros dos chicos que acabo de conocer; ella parece tener una actitud muy protectora con todos.

Estaba en un cuarto con uno de los chicos, mientras ella y el otro platicaban en otra habitación. Él y yo jugábamos y bromeábamos, y en algún momento lo besé. Entonces me apartó y me escupió en la cara, parecía confundido y un poco enojado, pero sentí como si me entendiera o me perdonara al mismo tiempo.

Entró ella y nos miró preguntando por el malentendido. Le dije que no había problema, fue mi culpa.

22 de diciembre. Visité aquella casa donde se realizan todo tipo de negocios o encuentros sexuales. No es la primera vez.

Después me encontraba dentro de un coche, en una calle vacía, con un señor vestido de traje. Yo llevaba puesto un pantalón de vestir, pero no llevaba ropa interior. Le hice sexo oral mientras él gemía y mostraba gestos de placer.

Tampoco es la primera vez que lo veo a él para hacer ese tipo de cosas. Al ver su pene quise tener sexo con él, que me penetrara, pero no pasó. Me bajé del coche y él se arrancó.

Cuando iba caminando, la niña pequeña y de cabello rubio comenzó a seguirme, llevaba puesto un vestido rojo. Habla todo el tiempo, parece muy elocuente e inteligente.

23 de diciembre. El hombre negro y corpulento me acompañó durante el día. Está intentando ayudarme, pero nunca lo logramos.

24 de diciembre. El hombre negro y corpulento me acompañó de nuevo durante el día. Intentamos derribar el muro juntos. A pesar de que es un muro pequeño de ladrillos, de menor altura que la mía, al final nunca podemos derribarlo.

La palabra navidad estuvo todo el día en mi mente. Se siente el ambiente navideño, hay adornos por todas partes.

25 de diciembre. Volví a la escuela, al Colegio Mijares, pero esta vez entré corriendo. Llovía afuera y me empapé todo, a pesar de traer zapatos sentí que andaba descalzo o en calcetines. Estaba apurado buscándolo.

Hay muchas escaleras en aquella escuela. Al recorrerla hoy veía las oficinas y a la gente, era un ambiente caótico, pero los pisos de arriba estaban vacíos. No encontré nada, me agité.

26 de diciembre. Volví al Colegio Mijares, a sus pasillos. Vi a la niña sonriéndome. La observación mutua se interrumpió cuando algo de cristal se rompió, algún recipiente o adorno.

27 de diciembre. Hoy mientras penetraba a mi hermano vi la cara de mi padre en la suya, de nuevo. No pude terminar, sentí que perdía el control, sentí ira.

28 de diciembre. Soñé con Jesús y Agustín, desperté llorando de forma desesperada, con culpa. Vuelvo a llorar cuando lo recuerdo.

29 de diciembre. El muro no cae.

30 de diciembre. La niña nunca calla.

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