Determinismo sexual.

La vida social se refleja en lo usual, aquello que no quepa en la esfera de lo ordinario, fuera de regulación o previsión, se considera una desviación. Sin embargo, esta consideración es correcta, pues la desviación es precisamente lo que se aparta de la norma; la discusión entonces no debería girar en torno a si un comportamiento u otro es desviado o no, porque eso se hace evidente frente a lo socialmente aceptado o adoptado como parte de la vida social, la discusión realmente importante es sobre la funcionalidad o disfuncionalidad de tal comportamiento para la sociedad, si la afecta o no.

La normalidad es un modelo común establecido por la mayoría en un tiempo y un espacio dados, la vida social se conforma dentro de ese universo de creación consesuada, de tal forma que velar por la evolución implica la reorganización de ese modelo común. Con la actual revalorización de la diversidad contemplada dentro del modelo de normalidad actual, los grupos parecen formarse más por lanzamiento de moneda que por diferencias objetivas entre ellos.

Con respecto de esto, como se ha escrito ya, en este perfil, al tratar sobre la justicia, “el relativismo no niega la existencia de valores absolutos, sino que, más allá de tal absolutismo, enaltece a la interpretación individual, la convierte en reina”. Se sigue de esto, en el mismo texto que:

Esta interpretación reinante, tan propia de la época en que se vive hoy, no destruye a los valores absolutos, parte de ellos para tomar caminos personalizados. Sin embargo, la multiplicación excesiva de los caminos, si cada quien reconstruye los valores como quiere, sí produce cierta desorientación y la flexibilización extrema del pensamiento le pone bastantes trampas al conocimiento, que en la inmensa variedad de opciones adopta a veces actitudes oportunistas o convenencieras; esta adaptación permisiva lleva a generar posturas débiles y deformes, el sujeto vaga a la deriva sin construir camino alguno, sino que va tomando las rutas que ya existen como más le convenga.

Partiendo de tales premisas, resalta un aspecto por encima de los otros, los temas referentes a la sexualidad, que han tenido una gran repercusión social en los últimos tiempos, generando debates y preguntas entre la aceptación y el rechazo. Los horizontes de lo socialmente considerado como tolerable se están abriendo cada vez más hasta el inevitable rompimiento. Es así que este escrito se configura como una crítica hacia la valoración de la sexualidad en la sociedad actual, en algunas de sus facetas más populares.

El progresismo, tan de moda, en su afán por un eclecticismo no siempre justificado, avanza a la glorificación total de la falta de criterio. Tan progresistas y tan de cortos horizontes, muchos se reducen a sí mismos a su género y a su sexualidad, envueltos en la moda de la inclusión, hasta acabar en un progresismo demasiado ecléctico para tener criterio alguno, en un relativismo demasiado agnóstico para tomar postura alguna.

Las extravagancias de la posmodernidad con su inclusión superrelativista sólo llevarán a agnosticismos extremistas, fuera de toda medida. La babel informativa de tal era transforma al pensamiento fuerte en uno tan débil que casi deja de ser pensamiento, diluido en la tolerancia extrema a una diversidad sin límites, en todo ámbito, abriendo el camino a un nihilismo agnóstico, despreocupado de su existencia. En pocas palabras, la superación de la modernidad hace de las grandes verdades muchas pequeñitas, y de los fuertes fundamentos muchos muy débiles.

En tales condiciones, así como el arma del policía a veces agrede al que protege, la tolerancia puede torcerse para coartar la libertad de pensamiento y su expresión, pero nunca se olvide que aquel que esté en descuerdo con uno también es parte de la diversidad, la tolerancia no debe ser jamás un lujo exclusivo de ninguna de las partes. De cualquier manera, la posición de los medios y la comunicación en el actual esquema de valores adquiere un carácter central en las relaciones interpersonales, y es así que la nueva perspectiva superrelativista de la multiculturalidad ha ido produciendo, en medio de la libertad de interpretación, una deconstrucción de la lógica.

Si la percepción es realidad, los demás y lo demás son en función de uno mismo; cualquiera que lo acepte quiere abstenerse de pensar, además de estar ahogado en su egocentrismo. Por otro lado, si el observador tiene todo el poder sobre lo observado, se anula la verdad; el individualismo, por ende, es una exclusión del otro y de lo demás. Si bien la realidad puede ser interpretada desde distintas perspectivas, el conocimiento nunca debe depender del sujeto que conoce. En la sociedad posmoderna, donde la realidad gira en torno al sujeto como valor absoluto, la focalización en el individuo lo quiere personalizar todo, pero habrá que tener presente que la libertad de expresión, que sin duda enriquece a las opiniones en diversidad y a la información en circulación, no implica necesariamente un enriquecimiento en cuanto a calidad de contenido.

Los debates actuales, bajo estos nuevos enfoques con los que la fragmentación es absoluta, son de participaciones asíncronas y están divididos en infinitos encuadres interpretativos. Por esto, en honor a la objetividad, ha de sacrificarse el caprichoso subjetivismo, el perjuicio de sus acciones y omisiones, sus visiones tercas; las consideraciones subjetivas, fruto de la valoración individual, deforman a la experiencia, ya sea en sentido apreciativo o peyorativo.

Es por esta subjetividad actual que emerge la tendencia a sentirse ofendido por todo o casi todo, la terrible tendencia a colgar en cada palabra supuestos discursos sobre supuesta segregación; aun con esto, nadie debe callar por pensar distinto a ideologías de moda. Para muchos de los partidarios de la ideología de género y sus derivados el solo hecho de contradecirles o diferir de ellos es ya una victimización.

Sin embargo, la libertad de expresión no es monopolio de la ideología de género ni de ninguna otra, no se limita a los que están de acuerdo con uno, por más que se ofenda el séquito de los movimientos sociales de ideologías endebles que se idolatran hoy con tanta devoción, entre la ridiculez y el absurdo. Tanta supuesta tolerancia progresista y la falta de entendimiento frente a los que difieren con ellos demuestra solamente una evidente incongruencia, cerrarse ante pensamientos diferentes al propio y rechazar posturas sin argumentos sólidos reduce el propio panorama al ojo de una aguja.

Estas nuevas olas genitalistas conforman, esencialmente, una limitada ideología que reduce al ser humano a sus genitales, cuando es evidente que el individuo es mucho más que sus órganos reproductivos. La introducción de estos artificios en el sistema educativo, si se impone como una perspectiva totalitaria, provocará en el alumno una mala comprensión de sí mismo y de los otros, enfocada en la sexualidad, y ha de entenderse bien que la sexualidad es sólo uno de los aspectos constituyentes del ser humano, no su todo.

Ideología, en términos básicos, se refiere a un conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época. Todo este movimiento genitalista que ha parido ya algunos hijos, creciendo en la actualidad social, es innegablemente una ideología, un conjunto de ideas conformando el pensamiento de toda una colectividad de afiliados, pero no toda idea debe adoptarse por el simple hecho de constituirse como idea. Es claro que en los esforzados intentos de destruir moldes sociales, se acaba por fabricar moldes sociales, por configurar de otra forma los existentes.

Los niños dentro del sistema educativo, se contaminarán con estas ideas, no teniendo todavía la información suficiente ni la autonomía necesaria para tomar sus propias decisiones y sus propios senderos con respecto de un tema tan complejo. Es una analogía válida pensar, por ejemplo, en un niño a quien se le inculca una religión desde pequeño y se ve obligado a adoptarla sin entenderla siquiera, su libre albedrío es coartado sutilmente. La educación debe remitirse hacia el conocimiento, brindando herramientas de aprendizaje que ayuden al individuo a su introducción en el mercado laboral, no hacia la sustitución de la formación familiar.

Si en el hogar no se inculca una cierta civilidad o moralidad, o se inculca de formas inadecuadas o incorrectas, no es responsabilidad de las instituciones educativas, no deben éstas atribuirse facultades que no les corresponden. Si la labor de la escuela se lleva más allá del conocimiento de las cosas, con la introducción de ideologías regidoras de los programas educativos, se contaminará al niño con inclinaciones que terminará también adoptando por desconocimiento de otro tipo de perspectivas. La identidad del individuo está construyéndose continuamente y en libertad, no se le puede moldear a través del sistema educativo, o es ahí en donde sí habría razones para pensar que tal sistema busca realmente un mero adoctrinamiento.

Uno de los ejemplos más absurdos de las exageraciones de estas nuevas actitudes se refleja en la extrapolación de sus delirios a los terrenos del lenguaje. El desdoblamiento indiscriminado entre formas masculinas y femeninas en el lenguaje es artificioso e innecesario, el principio de economía del lenguaje es violado con razones extralingüísticas por feministas abusones, las arrobas y las equis en las palabras son sólo reflejo del actual reduccionismo del individuo a un mero determinismo sexual. Los delirios ideológicos de estas nuevas generaciones de pensadores de plastilina se imprimen así en el idioma, deformándolo.

Por otra parte, que quede claro que ni el género ni la orientación sexual tienen mérito alguno por sí solos, no representan por sí mismos razones válidas para que el individuo se sienta orgulloso de sí mismo; el sexo, en general, es sobrevalorado hoy en día, y el individuo que se manifieste orgulloso de sí sólo por el hecho de tener una preferencia u otra se está también sobrevalorando. Con todo este genitalismo falaz parece que ya no ven más allá de tales ideologías, de estos falsos ídolos, y pretenden extrapolar falazmente tales tendencias a movimientos sociales que contaminan al pensamiento objetivo con fórmulas engañosas.

Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son evidentes, no pudiendo negarse por nadie; no puede no aceptarse que estas diferencias se manifiestan, más en unos ámbitos que en otros. La reproducción sexual es una parte de la vida, no es la vida en sí misma, y la ideología de género, el genitalismo, lo que hace es conferir a la biología un montón de cosas que no le atañen, concibiendo a la sexualidad un peso que no merece cargar, un peso que no le corresponde, que le es ajeno. Para esto conviene revisar lo dispuesto en “Sistema político en el ente social“, sobre el tema de la igualdad, de entre lo que se rescata que:

La asociación libre entre los individuos y los grupos permite la organización y reorganización constante de la sociedad, que de intentarse homogeneizar en su totalidad tendría que coartar de alguna forma tal libertad; de esta manera, la igualdad no puede ni debe perseguirse, por ningún motivo, porque además es absolutamente imposible en términos absolutos, en cualquier caso.

Las diferencias entre hombres y mujeres, sin embargo, se han disparado por esta ideología engañosamente simplista, subrayándolas en todos los escenarios y de todas las maneras posibles, hasta extremos aborrecibles, hasta la construcción de muros fronterizos que no tendría caso levantar. Incluso en el mercado laboral, el genitalismo se ha diseminado con falaz astucia, pues se habla ahora de oportunidades iguales para hombres y mujeres, hasta llegar al punto de pensar que debe haber un cincuenta por ciento de puestos ocupados por mujeres y un cincuenta por ciento ocupados por hombres, o incluso a la consideración de contratar más mujeres que hombres.

Es cierto que las oportunidades laborales no deben cerrarse para ninguno de los sexos, sencillamente por cuestión de género, pero no es que la ideología de género deba hacerse participante activo de este ámbito sistémico, sino que no debe meterse con él de ninguna manera. Las oportunidades laborales deben considerar no más que las capacidades profesionales o técnicas del individuo, sin importar jamás sobre géneros, de tal forma que se contraten a los sujetos adecuados para el puesto sin importar si son mujeres u hombres. Si un hombre y una mujer solicitan el mismo empleo, debe contratarse al más adecuado para el puesto específico, pudiendo ser él o ella, sin preocupación por la cantidad de hombres o mujeres que ya trabajan en la empresa o institución.

El sexo es una condición orgánica del ser, los órganos sexuales ahí están y la actividad sexual es necesaria, nada más. El sexo no es bello ni feo ni débil ni fuerte, es estúpido quererse definir por lo que uno lleva entre las piernas, es tonto enredarse en esa inútil adjetivación. La necesidad de pertenencia hecha manía contamina a la biología de estas visiones socioculturales, la exageración del sexo degenera en espejismos extravagantes, pero ni la vida se reduce a la sexualidad ni la sexualidad se reduce a los genitales, pues sabemos bien que la cama no es el único escenario en el que actuamos. Ajada por la historia y recargada en la norma, la sexualidad es acorralada por el pecado, desmembrada por la medicina y violada por el psicoanálisis. Deben liberarla, deben dejarla en paz.

Los partidarios de los movimientos sociales derivados de la ideología de género, además, suelen identificarse a sí mismos como minorías o grupos minoritarios, minimizándose en todo lo que ven, leen y escuchan, en todo lo que observan o perciben. Su esencia es sentirse menos, se victimizan así en todo tiempo y espacio, centrándolo todo en su propia perspectiva. Estos nuevos sectores sociales, con sus orgullosos papeles de víctima, culpan al otro de su propia visión reduccionista de sí mismos.

Si su perspectiva caprichosa no es el foco se victimizan, soltando su demagogia superecléctica y su retórica superrelativista, colgándole al discurso interpretaciones incorrectas de malas intenciones, haciendo culpables de sus propios complejos a aquellos que no comulguen con sus ideas. Estas visiones son también una falta de respeto para sí mismos, pues constituyen una apreciación de muy cortos horizontes sobre sí, un pesimismo muy perezoso y cínicamente orgulloso de ser.

La nueva ola.

Entre tales falsos ídolos paridos por la ideología de género sale a relucir el ginocentrismo de la época degenerando en una histérica vaginalidad. La delincuencia, por ejemplo, ha tomado tintes ginocentristas, aunque claramente el peligro los acecha a todos, pese a que puedan no entenderlo. La tendencia a la ridícula pigmentación rosa del transporte público es casi tan absurda como la antigua división entre negros y blancos. Después pintarán de arcoíris el transporte para géneros y sexualidades diferentes, si se trata de que a todo mundo se le cumplan sus caprichos.

Este fenómeno del transporte rosa se ha ido fomentando cada vez más a través de diversas instancias, introduciéndose así en más y más lugares bajo la aceptación social general. Se constituye también como uno de los mayores símbolos de los alcances del movimiento en pro del bienestar de las mujeres, buscando la disminución de las agresiones hacia el género femenino por medio de la separación de sexos en las instalaciones del sistema de transporte.

Sin embargo, la intervención del movimiento social en cuestión dentro de la esfera de la movilidad es claramente una táctica con bastantes limitaciones, las modas socioculturales traducidas a la propia segregación de los individuos bajo la simple y sencilla diferencia entre los sexos, la segregación como método para aliviar la tensión entre los grupos. A falta del respeto entre los individuos de cualquier clase o grupo, se decide entonces asignarles celdas apartadas, regulando las relaciones de poder en el espacio físico y generando con ello un sentido de pertenencia de naturaleza antitética, una identidad reducida a la oposición entre los géneros.

Más allá de los colores de los asientos, el Estado, como estructura política de la sociedad, debería concentrarse en resolver el gran problema de la situación crítica en la que se encuentra el transporte público, sobre todo en lo referente al estado de las unidades y la distribución de las mismas, hablando ya del sistema de movilidad en general. Ese sí es un problema mucho más grave que se puede resolver con adecuaciones en las instalaciones físicas del transporte, que le concierne directamente al ámbito de la movilidad y que lleva consigo implicaciones importantes en materia económica y ambiental. Esto considerando, además, que con la tintura rosa de los asientos no se garantiza de ninguna manera la seguridad de la mujer, es una acción que se queda corta y con mano muy débil, fuera de lugar.

Conviene también analizar el caso de todos los programas rosas de la administración pública que también están invadiendo el terreno político y electoral, pues todos estos movimientos sociales son utilizados por esas esferas con fines populistas, más de forma que de fondo. Como en el caso específico de las todavía recientes elecciones a gobernador para el Estado de México donde resultó ganador Alfredo del Mazo, con propuestas rosas como el salario rosa y la universidad rosa, que si bien pueden sonar muy bonito a manera de propuestas, al analizarse con mayor profundidad han de descartarse al menos en lo inmediato, pues no se adaptan adecuadamente a la realidad financiera del Estado, entre otras cosas. Para mayor énfasis en este caso específico, el artículo de Leo Peralta en Huffington Post.

En otro sentido, bajo todos estos nuevos puntos de vista, se brindan títulos como el de “guerrera” a mujeres que han llevado su vida en formas bastante tontas e irresponsables, de la talla de Lupita D’Alessio, por ejemplo; el brillante ginocentrismo otorgando inmerecidos títulos de forma indebidamente indiscriminada. El feminismo degenera a menudo en ese mero ginocentrismo desviado de la objetividad, en esa histérica vaginalidad, de modo que se hace aplaudible la mujer capaz de pensar más allá de tal ginocentrismo imperante de la época, de tal feminismo acomplejado que en todo ve sexismo, que trae al machismo pegado en la pupila.

El ejemplo de la cantante Lupita D’Alessio es tomado aquí por la popularidad del personaje y por la reciente serie biográfica sobre su vida, que fue transmitida apenas el año 2017 en televisión abierta. “Hoy Voy a Cambiar” es un buen ejemplo fácilmente identificable de cómo el ginocentrismo en histeria sin control termina retorciendo la visión colectiva, para lo que es necesario considerar el artículo crítico por Álvaro Cueva para Milenio sobre dicha serie, un artículo en el que, como es su costumbre, tal autor se columpia entre adulación extrema y condena necia, perdiendo objetividad entre exageraciones, con todo y su supuesta experiencia.

Una biografía se refiere a la narración de la vida de un personaje, el recuento de su historia. Entendida como género literario o cinematográfico, debe llevarse a cabo con la mayor objetividad posible, porque no es un ensayo crítico sobre el protagonista, es simplemente una crónica de hechos sobre su vida. Por lo tanto, los juicios subjetivos no pueden entrar en el desarrollo de un proyecto de carácter biográfico. En suma a ello, la historia de D’Alessio puede investigarse, buena información sobre su vida es bastante conocida por muchos, y ni Cueva ni nadie tiene argumentos suficientes para negar que la cantante sí está desequilibrada y además es viciosa, llevando una vida que bien podría calificarse de grotesca.

El autor del artículo menciona que la están pintando como una criatura con tales características, aunque realmente no lo hacen de forma tan exagerada como él lo plantea y por supuesto no la pintan como una blanca palomita, cosa que nunca ha sido ni será. La biografía no se trata de reconocer talentos o fracasos, la biografía se trata de exponer los hechos de la forma en que hayan sido, y claro está que en la vida de esa respetable cantante, pero no tan respetable ser humano, no hay mucho que admirar más allá de sus dotes artísticos en cuanto a voz e interpretación. No se puede homenajear cualquier cosa, el honor es algo que se trabaja.

La “dramatización de sus miserias”, como dice Cueva, es un retrato de su vida, que es lo que le atañe hacer a la biografía, si tal autor prefiere ocultarlas se demuestra entonces reacio ante la realidad, con todo lo grotesco que de hecho tiene. Él mismo, en su artículo, menciona lo siguiente:

Y una señora de más de 50 años que no ha podido superar que la sacaran de sus clases de ballet cuando era niña y que a pesar de describirse a sí misma como la más perfecta para todo (bailar, nadar y cantar) termina en el infierno de las drogas y en el de las relaciones tóxicas, no puede ser un personaje positivo. ¡No puede ser un ejemplo a seguir!

Este es tal vez el único párrafo del artículo que tiene razón, una mujer o un hombre no puede ser un ejemplo a seguir sólo por el hecho de ser hombre o mujer, o por el éxito que pueda tener. El personaje visto en la serie, evidentemente, no está bien y no inspira para nada admiración, sino lástima y repulsión, porque eso es lo que los hechos de su vida despiertan, sin más. O se acepta la realidad o vivamos engañados en la ilusión; este autor prefiere lo segundo.

No debe tacharse de irresponsable el hecho de mostrar la verdad, lo que sí es irresponsable es el personaje tratado por la serie. Esta pieza nunca dice que “si usted tiene talento, se prepara y lo explota, terminará mal”; lo que se dice, en cambio, es que aun con talento, aun preparado, si uno no toma las decisiones correctas termina mal, y esa es una tremenda verdad. Podrá ser “una inmensa diosa del entretenimiento mexicano”, pero no lo es realmente como persona en los más de los aspectos, aunque el brillante ginocentrismo la quiera pintar como una gran mujer.

En fin, esta tendencia ha llegado tan lejos, que la propia legislación se ha visto afectada por sus falacias, encontrando su punto más álgido en el término de feminicidio, que en México ha tenido una relevancia muy por encima de cualquier otro país. El término fue incorporado a través de una reforma del Código Penal Federal, publicada en el Diario Oficial de la Federación en junio del 2012, que dentro del título décimo noveno, sobre los delitos contra la vida y la integridad corporal, establece lo siguiente:

Artículo 325. Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:
I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;
III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;
V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.
Ninguna de las fracciones de este artículo constituye en realidad una razón de género, acaso sólo la primera, refiriéndose a la violación sexual, pero el artículo determina la comisión de un feminicidio si se presenta alguna de esas fracciones, no necesariamente todas o varias de ellas. Ya con la segunda fracción bien podrían considerarse ahí todos los asesinatos a mujeres, toda mujer asesinada puede considerarse víctima de feminicidio por esa sola razón. Tal fracción dicta que si la mujer asesinada sufrió lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes en el momento previo o posterior a su asesinato, entonces debe tipificarse como feminicidio.
Con ello, matar a una mujer es siempre feminicidio, pues no hay lesión que no sea infamante o degradante y para que sea asesinada alguna mujer debe haber alguna lesión detonante, no puede no haberla. El mismo artículo 288 del mismo título del Código en cuestión define a la lesión como no solamente las heridas, escoriaciones, contusiones, fracturas, dislocaciones, quemaduras, sino toda alteración en la salud y cualquier otro daño que deja huella material en el cuerpo humano, si esos efectos son producidos por una causa externa”. Esto basta para considerar a todo asesinato de mujer como un feminicidio; es decir, a la hoguera las razones de género, si es mujer todo mundo se queda con la idea, incorrecta en la mayor de las veces, de que lo hicieron porque era mujer, simple y sencillamente por eso, nada más.
Con respecto de la fracción tercera lo que hace la ley es considerar arbitrariamente que cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del asesino a la víctima es ya una violencia de género, cosa que no en todos los casos tendría que clasificarse de tal forma. No constituye entonces esta fracción, realmente, una razón de género, sino un historial de hechos que pueden o no llevar una cierta perspectiva de género, que también se enfatiza con la fracción cuarta, considerando que si el asesino tenía una relación afectiva, sentimental o de confianza con la mujer fallecida es entonces ya un feminicidio, lo cual no habla tampoco necesariamente de razones de género, bien pudiendo hablar de razones de cualquier otra naturaleza.
Habría que ver también, por otro lado, si una mujer que mate a otra y que encaje en alguna de estas fracciones, es también considerada una “feminicida” bajo todas esas premisas. Junto a la tercera y la cuarta fracciones, la quinta se encadena también en el hecho de que se considera más el historial de hechos, sin importar su naturaleza, que razones realmente de género, pues establece que si hubo amenazas o lesiones del asesino hacia la víctima ya constituye un feminicidio, no importando jamás si llevaban o no la carga del género como principal motivante. De igual forma, si la víctima fue incomunicada previamente a su asesinato es feminicidio, cosa que tampoco está necesariamente ligada a una violencia de género, demostrando así el absurdo de la carga legal de una supuesta perspectiva de género, de una perspectiva genitalista.
Finalmente, si el cuerpo de la víctima es expuesto o exhibido en un lugar público, tampoco dice nada sobre si se hace o no por el hecho de que la víctima sea mujer, otra prueba de lo falaz que se está viendo la legislación con toda esta nueva ola del genitalismo derivado en ginocentrismo, con su engañosa perspectiva de género. Entre la ambigüedad de las falacias de las consideraciones en este artículo del vigente Código Penal Federal, básicamente cualquier mujer asesinada, todas las mujeres asesinadas, son víctimas de feminicidio, cuando es claro que no todas son precisamente asesinadas bajo la motivación absoluta y exclusiva de su género.
Por otra parte, el mismo artículo menciona, después de esa lista de supuestas “razones de género”, que al culpable de feminicidio “se le impondrán de cuarenta a sesenta años de prisión y de quinientos a mil días multa”, y establece que si en algún caso no se puede definir el asesinato como feminicidio, entonces “se aplicarán las reglas del homicidio”. En el mismo título del código, en su capítulo segundo es donde se trata al homicidio, y de acuerdo al artículo 307, contenido en dicha sección, se tiene que para el culpable de homicidio, que con toda esta locura creciente se está reduciendo a cualquier asesinato en donde la víctima sea exclusivamente de sexo masculino, se han de imponer de “doce a veinticuatro años de prisión”.
La diferencia entre las penas designadas a cada caso es bastante considerable, y lo que nos dice esto es que el ginocentrismo ha invadido al terreno legal, que debería siempre apegarse a la objetividad. Nos dice que para la ley es mucho peor matar a una mujer que a un hombre, que la vida y la integridad corporal de una mujer es mucho más valiosa frente a la ley. La supuesta igualdad de género con la que tanto sueñan se deforma en una simple configuración de las relaciones de poder, en una simple reorganización de los pesos.
El delito del feminicidio, además, está tipificado como un agravante de homicidio en unos Estados y en otros lo está como figura autónoma de Derecho. Si la absurda existencia de esta figura, de la forma que sea, ya no se puede echar para atrás, de cualquier manera podría analizarse su tipificación. Como figura autónoma es una oda al genitalismo ginocentrista, lo único que hace es elevar la cuestión del género trasladando diferencias biológicas a planos que claramente superan tales aspectos.
Lo más adecuado sería su consideración como un factor agravante de homicidio o asesinato, pero esto a final de cuentas representa una contradicción clara con lo que se supone que busca la ideología de género, que es la igualdad entre los géneros, pues el hecho de que un asesinato se agrave cuando la víctima es una mujer está sugiriendo una jerarquía de género, un género pesa más que el otro. No tendría que ser más grave asesinar a un hombre que a una mujer, o a una mujer que a un hombre.
En otra de las leyes protagonistas de este movimiento, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se define, en la fracción cuarta de su artículo quinto, que la violencia contra las mujeres es “cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público”. Pero la condición del género como fundamento esencial de la comisión de cualquier acto de violencia se deja de lado si los delirantes del género ven en todo lo relacionado con mujeres razones de género, que no están ahí siempre, como se quiere hacer ver. De igual forma se define en la fracción novena del mismo artículo, a la perspectiva de género:
Es una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres. Se propone eliminar las causas de la opresión de género como la desigualdad, la injusticia y la jerarquización de las personas basada en el género. Promueve la igualdad entre los géneros a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres; contribuye a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, la igualdad de derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones.
La politización del género es sólo una de las secuelas del ginocentrismo parido por el falaz genitalismo, pero si tenemos en cuenta la cualidad de inalcanzable que caracteriza a la igualdad absoluta, así como la dudosa determinación que es identificar si un hecho se basa en el género o es motivado por razones relacionadas a ello, lo que se esperaría es que al menos, el terreno de necesaria seriedad que debe ser la ley, al servicio de la justicia, que debe ser por naturaleza objetiva, no se contaminara de ideologías reduccionistas como ésta.
Promover la igualdad entre los géneros ocupándose del bienestar de las mujeres no habla realmente de una preocupación de ambos géneros, sino de un claro foco de atención que pierde la equidad entre delirios de misoginia en todas partes todo el tiempo. Para acercarse a algo más parecido a la igualdad de derechos y oportunidades, lo que se debe hacer es arrancar este tipo de ideas de los diferentes ámbitos sociales, que en lugar de superar las cuestiones reduccionistas de género se estancan en guerras, en oposiciones tercas que marcan todavía más las diferencias que supuestamente pretenden eliminar.
Esta útlima ley señalada fue impulsada en cierto grado por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, a través de su encargo como diputada por parte del Partido de la Revolución Democrática. Lagarde es un personaje que cabe muy bien en las discusiones acerca del ginocentrismo, pues se ha formado como una de las teóricas más importantes del movimiento feminista, sobre todo en territorio mexicano, siendo un personaje importante para la adopción del término “feminicidio” en México.
Dicha antropóloga, escribe en la introducción de “Feminicidio: una perspectiva global” algunas cosas de interés que pueden analizarse, como cuando menciona: “la violencia de género, es decir la violencia por el solo hecho de ser mujer”, o “la violencia de género ya es percibida como un atentado a los derechos humanos de las mujeres”. Para esta estudiosa del genitalismo, la perspectiva de género está en exacta sinonimia con el ginocentrismo, hasta el punto de considerar a la violencia de género como el equitativo de una violencia hacia la mujer. Para esta autora, entonces, el género se refiere únicamente al femenino, el masculino no está incluido ahí y, por lo tanto, una violencia de género no existe jamás cuando el hombre es una víctima del delito, sólo cuando lo es la mujer; curiosa perspectiva de género.
Sus delirios van desde considerar a la violencia de género como un mecanismo político, “cuyo fin es mantener a las mujeres en desventaja y desigualdad en el mundo y en las relaciones con los hombres”, pasando por el espejismo de una guerra declarada y evidente contra la mujer, hasta llegar incluso a una absurda “feminización de la pobreza”, escribiendo que la pobreza “se extiende cada día para la mayoría de las latinoamericanas”, hablando además de “la muerte de niñas y mujeres por hambre, enfermedades curables y complicaciones en la atención de embarazos, partos, abortos y puerperio”. Qué forma de saturarlo todo de genitalismo, que nada tiene que ver con cuestiones que van mucho más allá del sexo de los individuos involucrados.
Toda su explicación con respecto de la diferencia entre femicidio y feminicidio, y de la razón por la que se prefirió la utilización del segundo, se vuelve insustancial, pues, con todos estos delirios encima. Todo asesinato en que la víctima sea una mujer termina por considerarse como feminicidio, por lo que hubiera sido lo mismo que la traducción del concepto desarrollado por Diana Russell y Jill Radford se quedara en femicidio (Femicide: The politics of woman killing), entendiéndose ya el asesinato de mujeres, en lugar de pretender perspectivas especiales que a fin de cuentas se reducen a eso.
En otro de sus escritos, que forma parte de sus participaciones como legisladora, cuando lo fue, aparece también lo ya citado, y señala, entre otras cosas adicionales, a la violencia de género como “síntesis de todas las violencias experimentadas por las mujeres”, dictando además que “es preciso priorizar en la agenda política democrática la justicia y los derechos humanos de las mujeres”. Enfatiza así sus ideas incongruentes en cuanto a que el género para ella parece ser sólo el femenino, y de que los derechos humanos de la mujer son prioridad, un género por encima del otro.
Este escrito se incluye en el compendio sobre feminicidio, justicia y derecho (LIX legislatura, Cámara de Diputados, noviembre 2005), dentro de la sección tercera, que trata sobre las diversas visiones del feminicidio, bajo el título de “El feminicidio, delito contra la humanidad”. Las secuelas que han dejado las letras de Simone de Beauvoir, llevadas hasta el recalcitrante extremo, torcidas hasta lo que nadie pudiera haberse imaginado.
Otra de las teóricas que es importante considerar para adentrarse en la nueva ola del feminismo, el ginocentrismo, tiene que ser Rita Segato, una antropóloga argentina que ha forjado su carrera alrededor de la ideología de género y que ha sido una estudiosa importante del caso de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, en México. Segato va mucho más allá en cuanto al desarrollo teórico del tema y plantea cosas interesantes que vale la pena estudiar si se quiere comprender un poco más el movimiento feminista que ha degenerado, con el genitalismo imperante, en una reducción ginocentrista del género.
Uno de los puntos de mayor importancia dentro de sus estudios y disertaciones es el planteamiento de su hipótesis sobre la “violencia expresiva”. De esta forma, se involucran los medios de comunicación como un elemento crucial del ejercicio de violencia perpetrada en contra de las mujeres, y menciona así lo siguiente en una entrevista publicada en Pikara Magazine: “La violencia mediatizada muestra un sujeto potente. Un sujeto monstruoso, pero es un monstruo potente. Y lo que la masculinidad busca es la potencia, aunque sea monstruosa”.
Las relaciones de poder, en el sentido en que las trata Foucault, se reencarnan en los textos de esta intelectual, pero de una forma delirante mucho más específica, aterrizándolas en el terreno de la ideología de género, para decir que:
El violador se rinde ante un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo aniquilador de otro ser para verse como un hombre, para sentirse potente, para verse en el espejo y pensar que merece el título de la hombría. El interés del violador es la potencia y su exhibición frente a otros hombres para valer como un hombre.
En un acto de violencia sexual, un término también importante en las letras de esta antropóloga, el motor de la masculinidad es entonces el poder sobre la mujer, no hay otro motivante más grande que ese. El hombre en el ejercicio de tal violencia es pues, de cierta forma, presa de una especie de masculinidad, es un esclavo de las exigencias de ella. De alguna forma, el acto de violencia, como una expresión reafirmante de poder, le concede su identidad como hombre, su pertenencia al género masculino.
En todo caso, si aceptamos tales argumentos, en cuanto al delito particular de la violación sexual, podríamos también decir que puede reproducirse exactamente a la inversa, de mujeres a hombres. No importando aquí razones específicas, una mujer podría perpetrar también el asesinato de un hombre para reafirmar o recuperar o conseguir el poder sobre sí misma, por encima del de él. El problema con las disertaciones de estas estudiosas no es que estén equivocadas o que estén mal, pues está claro que su trayectoria les arroja sin dudas una experiencia importante, sino que su visión está incompleta o parcializada.
Todas las relaciones son de poder, en el sentido de que el poder se involucra en cada una de ellas, desde las formas más sutiles hasta las más llamativas o explícitas. Si se entiende ello, entonces el poder podría ser el protagonista de la violencia ejercida entre hombres, entre mujeres, de hombres a mujeres y de mujeres a hombres. Supongamos incluso que ese poder, en cualquiera de esas formas, se depositara completa o sustancialmente en el género, o sea, para sentirse más hombre o más mujer o que se tiene más poder sobre uno u otro.
Sin embargo, esto no se da en todos los casos. Se tiene claro que el poder está en todas las relaciones, y en la comisión de delitos se manifiesta de una u otra forma, pero no en todos los casos este poder está necesariamente contenido dentro del ámbito del género, por más delirios sistémicos genitalistas que se puedan tener. Aun cuando pudiera pensarse ello en uno u otro caso, no existe en la realidad una manera objetiva de determinar desde un punto de vista formal, apegado a hechos y a legalidad, que es el género de la víctima el motivante de la comisión del delito.
No hay forma de probar que un delito que comete un hombre contra una mujer se basa total y exclusivamente en un sistema patriarcal opresor del que tanto se victimizan; no hay forma de probar que el hombre no sólo quería satisfacer sus necesidades sexuales de una forma desviada, sino que lo hizo para sentirse más hombre o para comunicarle a sus camaradas que ya lo pueden considerar como tal. Es absurdo llevar al extremo el genitalismo deformante hasta el punto de rechazar el “móvil sexual” bajo la premisa de que todo crimen sexual va más allá, porque el hombre quiere sentirse más viril.
De cualquier forma, aun con esto, aceptando todos los argumentos que da esta estudiosa sobre el tema, no sería realmente la masculinidad la que exige tales cosas, porque entonces habría que despojar a todo hombre de su masculinidad, de su identidad genérica, siendo ella la raíz de todos sus males, por culpa de un sistema del que no es precisamente responsable absoluto. Sería tal vez una masculinidad desviada por la obsesión con un poder genitalista que no existe realmente en todos ni en todo momento, pero no la masculinidad como es, una masculinidad no sobrevalorada por el genitalismo.
El crimen va mucho más allá de géneros, ni la masculinidad ni la feminidad pueden explicar su comisión y su evolución, debe analizarse y ser juzgado ello bajo los términos de la naturaleza humana, no reducida a los órganos sexuales, y de la naturaleza de las relaciones interpersonales, no reducidas a la oposición acentuada entre los géneros. No obstante, además de estancarse en ese reduccionismo, la antropóloga cava todavía más hondo, con el establecimiento de su hipótesis, que ahora se retomará, sobre la “violación expresiva”, aludiendo también a una analogía entre el cuerpo de la mujer y la soberanía de un territorio.
La autora, en su libro “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez”, entiende a las violaciones como actos “en un nicho de comunicación”, desarrollando incluso una especie de teoría lingüística sobre violencia de género, referida exclusivamente a la violencia contra la mujer. Empero, al no considerar a los crimenes sexuales como actos individuales, sino como expresiones de una estructura simbólica profunda que organiza nuestros actos y nuestras fantasías y les confiere inteligibilidad”, cae en el peligro de restarle al individuo la responsabilidad sobre su comportamiento delictivo, culpando entonces a las estructuras sistémicas en que se ha desarrollado, e incluso subestimándolo en la idea de que sus actos, fantasías e inteligibilidad son dados por el sistema; es decir, que él es más sus circunstancias que sí mismo.
Además, no es que la violación esté motivada por el “aniquilamiento de la voluntad de la víctima” o por la reducción de la víctima sobre el comportamiento de su cuerpo, pues estas premisas no representan el móvil de la violación sexual, representan a la mismísima violación sexual. La violación sexual es, esencialmente, ese aniquilamiento de voluntad, esa expropiación del control del otro sobre su cuerpo; el móvil, en cambio, es distinto o puede ser el hecho mismo de la violación, que puede o no traer connotaciones de género, incluso pudiendo ser simplemente un desesperado intento de un individuo desequilibrado en busca de la satisfacción de sus propias necesidades fisiológicas, en lo concerniente a su sexualidad.
Es decir, el acto de la violación sexual siempre involucra la disminución de control del otro sobre su cuerpo, en tanto que, como toda relación, involucra un cierto flujo de poder, pero el móvil no es precisamente el hecho mismo, sino lo que motiva el hecho, y en la violación sexual, el motivante protagonista es de hecho muchas veces de naturaleza puramente sexual. Puede ser, indudablemente, contaminado por esa necesidad de poder, y esta necesidad a su vez puede ser contaminada por razones de género, por verdaderas razones de género, pero no en todos los casos manifestados es así, y no se da del todo en cada caso en que así sea.
La subordinación física, psicológica o moral que se produce en la comisión del delito en cuestión no debe considerarse como motivante, debe tomarse mayormente como una consecuencia del hecho, pudiendo enfocarse o no en poder genitalista. En este sentido, también habría que entender que la expresividad de la que habla Segato como cualidad de la violencia, puede entenderse únicamente como eso, como una de sus cualidades, y no como su finalidad, con la finalidad de “expresar que se tiene en las manos la voluntad del otro”.
La expresividad entonces es sólo una cualidad, de la que puede adjudicarse en mayor o menor grado el acto de violencia, y que es potencializada sobre todo a través de los medios de comunicación en el seguimiento que se da sobre este tipo de crímenes, mas no es realmente la finalidad de todo sujeto activo que participe de ellos. Todo acto comunica algo sobre el sujeto que lo realiza, pero ello no significa que todo acto sea llevado a cabo bajo el móvil de expresarse a sí mismo.
Ella misma, Rita Segato, escribe ahí que toda violencia incluye una dimensión expresiva, el problema es que eleva esa dimensión a un pedestal inmerecido. Su visión, de obsesivos tintes lingüísticos, hace del género masculino casi una secta de operaciones secretas en las que los hombres demandan a cada uno de sus pares masculinos la expresión de su fuerza a través del sometimiento de la mujer, al parecer siempre victimizada.
De cualquiera forma, es bueno conocer sus puntos de vista para comprender más la configuración posmoderna del pensamiento en lo referente a estos temas, un sistema de pensamiento que en lo general podría describirse, en principio, como un determinismo sexual. Para conocer más sobre esta antropóloga argentina, se recomienda ver una entrevista realizada acerca de su trayectoria en el portal del Colegio de Graduados en Antropología de la República Argentina, pues algunos elementos de su pensamiento son importantes y certeros, sobre todo en lo referente a la propia teoría antropológica.
No es, sin embargo, este punto de vista propio de la nueva ola del feminismo, el nacimiento oficial del ginocentrismo, el único punto de vista. Aplaudibles aquellas personas que no sean seducidas por el genitalismo degenerado y sus extremismos falaces, como la filósofa francesa Peggy Sastre con su ensayo La domination masculine n’existe pas, por la editorial Anne Carrière, que como especialista en Nietzsche y en Darwin, lleva en su pensamiento una cierta influencia de los mismos, haciendo un análisis mucho más apegado a las cuestiones biológicas de la sexualidad. Propone así, en tal ensayo, una historia evolutiva de los sexos en cuanto a la reproducción sexual y las estrategias desarrolladas alrededor de ello, sustituyendo con ello la premisa de un sistema opresor de la dominación masculina.
Otro personaje que ha sobresalido con otro punto de vista ha sido también la escritora y periodista Abnousse Shalmani, que recientemente redactó y firmó una columna titulada Pourquoi je ne suis plus féministe, en el semanario Marianne. En este artículo habla de una degeneración del movimiento feminista en una especie de totalitarismo, haciendo también un breve recuento histórico del movimiento con la mención de algunas de sus líderes. Toma, además, como figura temática a la desnudez del cuerpo de la mujer, hablando así de una ruptura entre un feminismo que reprime el cuerpo de la mujer y uno que lo reconoce y lo expone: “tout le problème vient de cette rupture, […] entre un féminisme qui méprise les corps des femmes et une féminisme qui sait l’importance de sa visibilité et de sa provocation”.
Esto constituyéndose como una crítica hacia un feminismo, en especial, de tipo musulmán, haciendo mención incluso de la asociación Lallab que intenta defender tal posición. Se dice, Shalmani, aterrada al ver las protestas feministas en contra de campañas publicitarias con mujeres en poca ropa, o de mujeres famosas mostrándose así o desnudas, o de documentales en donde se trata a la desnudez: “je me dis que les féministes ne savent plus qu’elles ont aussi des seins et des fesses”.
Observa por ello una colonización religiosa del movimiento feminista que expresa su voluntad de censura en el arte, en la literatura, en la filmografía, convirtiéndose así sus propios movimientos subversivos en movimientos sexistas. Así mismo, se muestra preocupada por el posible advenimiento de una protesta de desprecio en contra de la sola presencia del cuerpo femenino y de toda insinuación erótica sobre él, hasta la inminente clausura de museos, por ejemplo, por considerar toda exhibición de anatomía femenina como una objetificación de la mujer, hecho que sin duda sería una demostración del extremismo ginocentrista.
Estas personalidades francesas han venido a colación a propósito del manifiesto recientemente publicado el mes de enero de 2018, en el que se plantea una postura en contra de un cierto feminismo que se reduce a un odio hacia los hombres, a raíz de lo suscitado por el caso Weinstein, que ha levantado pesadas críticas a nivel internacional. Tanto Sastre como Shalmani forman parte del grupo de mujeres que figuran como escritoras del ahora popular manifiesto; además de ellas, otras tres que ya se mencionarán.
El caso Weinstein se refiere a las acusaciones sobre agresiones sexuales, acoso sexual e incluso violación sexual en contra del productor cinematográfico estadounidense Harvey Weinstein, que comenzaron a ganar mayor fuerza a partir de los últimos meses del 2017, bajo el cubrimiento mediático de The New York Times, sobre todo a partir de un artículo por Jodi Kantor y Megan Twohey de octubre de ese año, aunque había ya rumores y acusaciones desde tiempo atrás que corrían en el mundo cinematográfico como un gran secreto a voces.
A partir de ahí las acusaciones se fueron sumando por parte de personalidades del cine bastante reconocidas, hasta llegar a las varias decenas: Cara Delevingne, Salma Hayek, Angelina Jolie, Lupita Nyong’o, Gwyneth Paltrow, Uma Thurman, entre otras. Esto impulsó el movimiento conocido como Me Too, que a través de una etiqueta en redes sociales (hashtag) promueve la denuncia de acosos, agresiones o abusos de índole sexual. También se impulsaron con esto esfuerzos organizados del mundo cinematográfico con la organización Time’s Up, formada por personajes pertenencientes a ese mundo, que publicaron también una carta para el New York Times.
Es en medio de todo esto, de todos estos levantamientos y la suma continua de acusaciones, multiplicándose con rapidez, que surge el manifiesto francés que se mencionaba más arriba, escrito por cinco mujeres francesas, entre ellas las ya señaladas Sastre y Shalmani, y firmado por muchas más. El manifiesto provocó la reacción instantánea de las feministas, tanto de Francia como del mundo, desde el momento de su publicación, pero analizado con objetividad, éste contiene declaraciones precisamente más objetivas que muchos de sus críticos más reacios, la mayoría de ellos cayendo en una tremendamente mala inclinación interpretativa del mismo.
Los propios medios han tergiversado el discurso del manifiesto oponiéndolo directamente ante las acusaciones del caso Weinstein o de los movimientos surgidos a partir de tal caso para la denuncia de las agresiones sexuales, pero no es así. De hecho, menciona en su primera sección lo siguiente: A la suite de l’affaire Weinstein a eu lieu une légitime prise de conscience des violences sexuelles exercées sur les femmes, notamment dans le cadre professionnel, où certains hommes abusent de leur pouvoir. Elle était nécessaire”.
Sin embargo, critican que la propia liberación de la palabra, que se ha originado a partir de ello, se ha convertido también en una especie de represión discursiva, que deja en mal a aquellos que expresen algo que pueda molestar o que no vaya de acuerdo a las tendencias sociales. Critican al puritanismo, no como un acto de desprestigio hacia la mujer libre, sino en el sentido de que los argumentos feministas pueden caer en él, en el puritanismo, atando así a la mujer a un statut d’éternelles victimes”.
Parten del movimiento Me Too, sin estancarse o detenerse sólo en él, para sugerir la victimización también masculina a través de una actitud puritanista de la ola ginocentrista, que bajo una nueva justicia con la firma de su clara parcialidad, limita al hombre en su capacidad de respuesta y defensa. Con esto consideran que en lugar de conseguir la autonomía femenina, lo que se consigue es una mutilación de la libertad sexual, segregando al propio género femenino con tintes moralistas a un grupo de creaturas indefensas en necesidad de protección.
De esta manera, declaran que el hombre se ve obligado a arrepentirse por cualquier desliz o cualquier comportement déplacé”, provocándose así la confesión pública, y con ello la demandada disculpa pública, como la instalación de un climat de société totalitaire”. Todo esto, empero, debido a que su argumentación es algo limitada, puede caer un poco en la ambigüedad, pudiendo entender con ello a los críticos que han reaccionado en su contra, pues es de hecho un escrito vulnerable a malas interpretaciones. Lo más certero del manifiesto es, acaso, los efectos del puritanismo en las artes, y la censura que podría ocasionar y que incluso puede ya detectarse; sobre ello mencionan:
La vague purificatoire ne semble connaître aucune limite. Là, on censure un nu d’Egon Schiele sur une affiche; ici, on appelle au retrait d’un tableau de Balthus d’un musée au motif qu’il serait une apologie de la pédophilie; dans la confusion de l’homme et de l’œuvre, on demande l’interdiction de la rétrospective Roman Polanski à la Cinémathèque et on obtient le report de celle consacrée à Jean-Claude Brisseau. Une universitaire juge le film Blow-Up, de Michelangelo Antonioni, «misogyne» et «inacceptable». A la lumière de ce révisionnisme, John Ford (La prisonnière du désert) et même Nicolas Poussin (L’enlèvement des Sabines) n’en mènent pas large.
En los enlaces colocados dentro de la cita hecha puede verse mayor información sobre cada una de las referencias mencionadas en el manifiesto. En adición a todo esto, hacen alusión a una “liberté d’offenser”, como una liberté d’importuner” en vías de la propia libertad sexual, que ha sido uno de los puntos más malinterpretados y criticados, pero esta libertad se concibe en el sentido de que si uno tiene todo el derecho de importunar también significa que uno puede decir que no aun cuando no sea ello lo que se espere. De esta forma, en lugar de victimizarse por alguna ofensa, la propia mujer debe apropiarse del derecho a importunar al otro con su rechazo.
Partiendo de ello, disponen que la objetificación sexual, el juego de poder corporal dado en el acto sexual, es un juego válido en el sentido de que es posible su gozo sin que ello signifique necesariamente que la mujer sea una “complice du patriarcat”. Proponen a la mujer contemporánea el poder sobre sus posibles traumas, a través de una canalización interpretativa de los hechos, como una forma de superación pragmática y no a modo de engaño. Recalcan en la mujer, como individuo, la responsabilidad sobre sí misma, declarándose a su vez en debida oposición hacia el reduccionismo de la mujer a su cuerpo:
Les accidents qui peuvent toucher le corps d’une femme n’atteignent pas nécessairement sa dignité et ne doivent pas, si durs soient-ils parfois, nécessairement faire d’elle une victime perpétuelle. Car nous ne sommes pas réductibles à notre corps. Notre liberté intérieure est inviolable. Et cette liberté que nous chérissons ne va pas sans risques ni sans responsabilités.
Las actitudes reaccionarias de los grupos feministas en contra de este manifiesto están claramente en desacuerdo con algo que, al menos en lo sustancial o en su mayor parte, es un discurso de empoderamiento para la mujer sobre sí misma, en lugar de un papel de victimización continua. Se ha abordado, pues, con enfoques inadecuados, por lo que su entendimiento ha caído en muchos de los casos en lo incorrecto.
Sarah Chiche, psicóloga estudiosa de la obra cinematográfica de Michael Haneke, dedicada también a la escritura y especializada en el psicoanálisis, es otra de las mujeres encargadas de la redacción de este polémico manifiesto. En una entrevista dada en fechas cercanas a la publicación del manifiesto comentaba acerca de su obra “Éthique du Mikado”, sobre el cine de Haneke, a quien trata en calidad de teórico, más allá de cineasta.
Ahí critica brevemente la visión del matrimonio como final feliz, denunciando la falsedad de tal premisa: “…valoriser l’image du mariage comme fin heureuse? Tout ceci est subverti d’une façon très farcesque…”. Aunque aplica lo que dice al tema de las películas, puede traducirse también a su visión sobre la vida, pues para ella la existencia es en sí misma una película, “ce grand film entre drame et farce”.
Chiche explica mucho mejor la intención y el sentido del manifiesto, que ella inició, uniéndose después las otras cuatro autoras. En una entrevista para France Culture, explica que la idea vino por una discusión con una editora que le demandaba que sus personajes femeninos no estaban “suffisamment identifiés à leurs traumatismes” y que no se quejaban lo suficiente sobre sus vidas. La censura en el arte es pues lo que motivó en un principio la escritura del texto que causó tanto revuelo en la sociedad actual, incluso remarcándolo en tal entrevista:
Et puis, cette vague purificatoire entraîne un regain de puritanisme très préoccupant dans le monde de l’art. Récemment encore, on entendait qu’un créateur proposait une nouvelle version de Carmen, opéra à la fin duquel Carmen est poignardée par un de ses amants. Il proposait en “hommage”, disait-il, aux violences infligées aux femmes que ce soit Carmen qui poignarde l’homme. S’agit-il d’une adaptation libre pour coller à ce qui ce passe actuellement? On peut se poser la question.
Explica, en resumidas cuentas, que lo que se busca es que la mujer no se encierre en un papel de víctima, y de esta manera, se construya otra forma de feminismo que no degenere en genitalista ginocentrismo. Se propone una forma de paz, en lugar de una guerra entre los sexos, que sólo queda entre alucinaciones absurdas.
En fin, como respuesta al controvertido escrito de Sastre, Shalmani, Chiche, et alii, surge enseguida también otra publicación, esta vez escrita por una militante feminista de nombre Caroline de Haas, que se ha dedicado al activismo y a la política. Esta publicación, a decir verdad, lleva un tono casi puramente reaccionario y con menos gracia que el otro, pero es más aceptado socialmente porque va de acuerdo al ginocentrismo que todo mundo quiere ver y apreciar. Sus respuestas demuestran una lectura superficial del manifiesto acerca del puritanismo, que es como muchos lo trataron en medios, y una participación hasta un poco mediocre en el complicado debate abierto, tachando al manifiesto, de entrada, como “le collègue gênant”, o “l’oncle fatigant”.
Es así que pensar diferente a las nuevas tendencias del terco genitalismo nos convierte ya en personas despreciables e incómodas. De Haas critica el hecho de que con el manifiesto publicado en Le Monde sus autoras y sus firmantes quieran frenar el avance de la igualdad, lo cual no es así, si ya se ha entendido el sentido con el que se dirigían. Sin embargo, su actitud reacia no le permite detenerse a analizarlo de esa forma, e incluso se empeña en sus excesos: “l’excès, nous sommes en plein dedans”. El fanatismo ginocentrista se muestra ahí, cínicamente, en su máxima expresión.
Por otro lado, remarca la importancia del lenguaje en el comportamiento humano, aludiendo a que la aceptación de un lenguaje despectivo autorizaría la violencia. Empero, si como dice, el dominio del lenguaje es una señal de progreso, un dominio entendido como un control, entonces habría que coartar la libertad de discurso, basándose en las muy susceptibles susceptibilidades de hoy en día, en que todo mundo se ofende por todo. Que se limpien los diccionarios y se restrinja el uso del idioma.
Malinterpreta De Haas el manifiesto que se niega a leer a profundidad sin entender realmente la responsabilidad a que aquél aboga y de la que se comentaba más arriba. En lugar de entenderla como una responsabilidad de la mujer sobre sí misma, como un empoderamiento de sí misma por encima de su continua victimización, entiende a la responsabilidad más en el sentido de culpa, pensando que lo que el manifiesto dice es que “les femmes sont donc désignées comme responsables de ne pas être agressées”, que ellas tienen la culpa, lo cual no es para nada así.
El manifiesto nunca dice que no está bien que se denuncien a los agresores y se les responsabilice a los que sean culpables, pues incluso lo considera algo necesario, como ya se vio. De cualquier manera, esta activista está ensimismada en una victimización profunda e indeleble que no le permite salir de sus estanques, y ello es tan así que considera que la mujer no es respetada ni protegida en ninguna parte del mundo.
Para colmo, una de las firmantes del manifiesto, erróneamente juzgado bajo un tema de puritanismo, la actriz francesa Catherine Deneuve, la de más fama con relación del escrito, publica después una carta en la que pide disculpas. Si bien, en la carta publicada en Libération, se escriben algunas cosas bastante certeras, el acto de disculpa es reprochable en este caso, y la desacredita un poco hacia sí misma, por no ser capaz de sostener sus propias ideas frente a las de los demás sin la necesidad de dar explicaciones o pedir perdones que no van.
La presión social que existe ahora para pensar de acuerdo a todos, envuelta siempre entre falacias hipócritamente moralistas. Ella misma reconoce que nuestra época se caracteriza por el hecho de que “chacun se sent le droit de juger, d’arbitrer, de condamner”, señalando también el hecho de que “simples dénonciations sur réseaux sociaux engendrent punition, démission, et parfois et souvent lynchage médiatique”. Retoma, además, la peligrosa censura artística que se propaga de la mano de los fanatismos genitalistas, uno los puntos más importantes entre toda esta ola de publicaciones en lucha ideológica que se ha estado siguiendo. Se muestra así inquieta y preocupada por el futuro social, considerando este clima de censura como un peligro. 
Las otras dos escritoras del manifiesto firmado por Deneuve, además de las ya mencionadas Sastre, Shalmani y Chiche: Catherine Robbe-Grillet, una dominatriz francesa y escritora de temas relacionados con el sexo; Catherine Millet, directora y fundadora de la revista Art Press, famosa también por la publicación de su libro, “La vie sexuelle de Catherine M.”.
Entre las líneas escritas de estas cinco autoras en plena libertad de pensamiento y de expresión, lo que se manifiesta, más allá de todas las interpretaciones retorcidas que se hicieron de sus palabras, es la necesidad de una visión feminista mucho más objetiva que no se eleve por encima del otro, que no degenere en un genitalismo ginocentrista sin sentido, que no reduzca ni a hombres ni a mujeres a su género sexual y que no se pierda en el estancamiento de los traumas, en el encarcelamiento de la victimización.
El movimiento Me Too, como lo escribe Margaret Atwood para The Globe and Mail, es un movimiento válido y legítimo que toma como herramienta primordial al internet para la denuncia. Sin embargo, con bastante razón, también critica al extremismo que llegan a tomar los movimientos sociales y las ideologías:
If the legal system is bypassed because it is seen as ineffectual, what will take its place? Who will be the new power brokers? It won’t be the Bad Feminists like me. We are acceptable neither to Right nor to Left. In times of extremes, extremists win. Their ideology becomes a religion, anyone who doesn’t puppet their views is seen as an apostate, a heretic or a traitor, and moderates in the middle are annihilated. Fiction writers are particularly suspect because they write about human beings, and people are morally ambiguous. The aim of ideology is to eliminate ambiguity.

El arcoíris.

La repercusión social que ha tenido el tema de la diversidad sexual, entendida como la diversidad en cuanto a preferencias sexuales, ha ido creciendo como resultado de un incremento en la apertura social en cuanto a la sexualidad en general, sobre todo con el auge del determinismo sexual que caracteriza a la época, abriendo así debates entre el rechazo y la aceptación con respecto de estilos de vida no convencionales. Habrá que considerar que con ello surgen puntos de vista tanto positivos como negativos, para los cuales se tendrá que prestar atención, de forma que no se descarte de principio ninguno sin un análisis objetivo de sus argumentos.

La homosexualidad ha sido la tendencia sexual que más ha sobresalido de entre toda la gama de tendencias sexuales consideradas como parte de esta diversidad, siendo uno de los temas más relevantes el del matrimonio entre personas del mismo sexo, para lo cual todavía existe una cierta aversión social, sobre todo desde el punto de vista legal. Este tipo de uniones, sin embargo, no son precisamente rechazadas, la discusión se ha centrado mucho más en su denominación y su trato por parte del régimen legal, en lo cual se ha avanzado un poco, aunque todavía no hay mucha claridad.

El trato legal sobre el tema, que es lo que ante la sociedad define lo incorrecto de lo correcto, conforma en lo social la separación entre lo aceptable y lo inaceptable. Sobresalen, además de dicho aspecto legal, ciertos factores que influyen en gran medida con respecto de la perspectiva social acerca de este tipo de uniones, como la posición o postura religiosa concerniente al tema y el trato que se le da por parte de los medios de comunicación. 

Con respecto de esto, surge la iniciativa presentada por el presidente Enrique Peña Nieto, el 17 de mayo de 2016, en donde se propone la modificación del artículo cuarto constitucional, orientada hacia la mencionada figura del matrimonio igualitario y señalando la importancia del papel de las leyes sobre la percepción social.

Considerando a la orientación sexual como un elemento importante en la identidad personal que debe concebirse en libertad, se plantea entonces el derecho de contraer matrimonio como uno fundamental para la realización del individuo, de tal forma que si no se le permitiera a alguien por razón de su orientación sexual se le estaría excluyendo de sus derechos más básicos.

Como argumentos para sustentar esta reforma propuesta presentan tres sentencias emitidas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación:

Primera: “LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS NO ALUDE A DICHA INSTITUCIÓN CIVIL NI REFIERE UN TIPO ESPECÍFICO DE FAMILIA, CON BASE EN EL CUAL PUEDA AFIRMARSE QUE ÉSTA SE CONSTITUYE EXCLUSIVAMENTE POR EL MATRIMONIO ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER”.

Esta primera sentencia vela por el respeto a la pluralidad como parte esencial de la democracia, recordando que el Estado mexicano es precisamente de carácter democrático. De esta forma, se entiende como necesario que el alcance de la protección constitucional llegue y cubra a la familia en todas sus manifestaciones.

Segunda: “LA LEY DE CUALQUIER ENTIDAD FEDERATIVA QUE, POR UN LADO, CONSIDERE QUE LA FINALIDAD DE AQUÉL ES LA PROCREACIÓN Y/0 QUE LO DEFINA COMO EL QUE SE CELEBRA ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER, ES INCONSTITUCIONAL”.

Esta segunda sentencia, bajo la misma línea que la primera, considera que la visión de la procreación como finalidad del matrimonio entorpece la necesaria protección de la familia en cuanto a todas sus formas, pues ello generaría una discriminación con respecto de la orientación sexual de los individuos. Defienden entonces el hecho de que la procreación no puede constituirse como el fin de la familia; por lo tanto, no es justificable que se conciba a la unión matrimonial, exclusivamente, como aquella dada entre un hombre y una mujer.

Tercera: “LA DEFINICIÓN LEGAL DEL MATRIMONIO QUE CONTENGA LA PROCREACIÓN COMO FINALIDAD DE ÉSTE, VULNERA LOS PRINCIPIOS DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN”.

Esta tercera sentencia, en comunión también con las primeras dos, defiende que la procreación no es ni debe ser el fin de la familia, pues se estaría vulnerando lo dictado por el artículo primero constitucional, que habla sobre la igualdad y la no discriminación, remarcando que se excluiría con eso a las parejas homosexuales.

Artículo 1o. […] Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Señala esta sentencia que la ley debe proteger a la familia en tanto realidad social; es decir, a la familia que existe de hecho en la sociedad. Si sólo se consideraran familias a aquellas a las que procrearan, se estarían excluyendo incluso a las familias heterosexuales que no buscaran tener hijos.

Habrá que tener presente, además, que el matrimonio establecido por ley también conlleva una serie de beneficios tangibles e intangibles, y en este sentido, como también se menciona en la iniciativa, puede considerarse al matrimonio “como un derecho a otros derechos”. Por ende, al negar la constitución legal de una unión, por la razón que sea, se está negando a la pareja afectada también la puerta a todo un conjunto de derechos.

Partiendo de los argumentos enlistados se plantea entonces la reforma del primer párrafo del artículo cuarto constitucional, adicionando que:

Toda persona mayor de dieciocho años tiene derecho a contraer matrimonio y no podrá ser discriminada por origen étnico o nacional, género, discapacidades, condición social, condiciones de salud, religión, preferencias sexuales, o cualquier otra que atente contra la dignidad humana.

Esta iniciativa sobre el artículo cuarto constitucional fue también acompañada el mismo día por otra iniciativa de reforma, esta vez aplicable al Código Civil Federal. Se justifica en el ya mencionado artículo primero constitucional, señalando el párrafo ya citado arriba sobre la discriminación, pero también en lo referente a que las autoridades, en el ámbito de sus competencias, deberán “promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos”.

En el documento en que se redacta esta segunda iniciativa se establece que el objeto de estas reformas, además de empatar las disposiciones jurídicas con los principios de igualdad y no discriminación, es: garantizar el derecho de contraer matrimonio a personas del mismo sexo; permitirles la adopción en igualdad de condiciones que a heterosexuales; establecer divorcio sin expresión de causa, bastando con la voluntad de uno de los cónyuges para la disolución del matrimonio.

Básicamente, lo que se plantea es que la negación del derecho de contraer matrimonio a parejas compuestas por personas de mismo sexo, estaría constituyendo un acto de discriminación, con lo cual se vulneraría lo dispuesto en el artículo primero constitucional, cosa que es cierta. Es importante sobre esto, en este punto, tener en cuenta a la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, que en la fracción III de su artículo primero, complementario del propio artículo primero constitucional, define a la discrimnación como: 

…toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que, por acción u omisión, con intención o sin ella, no sea objetiva, racional ni proporcional y tenga por objeto o resultado obstaculizar, restringir, impedir, menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y libertades, cuando se base en uno o más de los siguientes motivos: el origen étnico o nacional, el color de piel, la cultura, el sexo, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, económica, de salud o jurídica, la religión, la apariencia física, las características genéticas, la situación migratoria, el embarazo, la lengua, las opiniones, las preferencias sexuales, la identidad o filiación política, el estado civil, la situación familiar, las responsabilidades familiares, el idioma, los antecedentes penales o cualquier otro motivo.

Con estos argumentos legales, se reafirma efectivamente el hecho de que tanto la contracción de matrimonio como la formación de una familia no pueden restrinjirse por causa de orientación sexual. Esta segunda iniciativa de reforma sobre el Código Civil también incluye las sentencias ya vistas de la Suprema Corte, a modo de soporte argumentativo. Sin embargo, aumenta otras, pues va todavía más allá del matrimonio, tratando también sobre:

Adopción, sin violarse con su permisión los derechos del niño involucrado, pues la orientación sexual de los padres no debe tomarse como un limitante, debiéndose centrar el interés, independientemente de eso, en las posibilidades para brindar las condiciones adecuadas para el debido cuidado y desarrollo del individuo adoptado.

Reasignación sexual, en cuanto a los documentos de identidad emitidos por el Estado, para reflejar la identidad de género del individuo, pues esta es una decisión libre que forma parte de los derechos en lo referente al desarrollo de la personalidad, no requiriendo para ello procedimiento médico alguno.

Incluye disposiciones también en lo relativo al divorcio, estableciendo la posibilidad de disolver la unión conyugal sin expresión de causa (véanse principalmente las reformas a los artículos 266, 267 y 268, planteadas en la iniciativa correspondiente), facilitando con ello el proceso, pero esto aplicable ya para todo tipo de relación conyugal, no solamente y específicamente en cuanto a relaciones de tipo homosexual, y no solamente tampoco en materia de divorcio. Todos los artículos que se propone modificar pueden verse en el enlace ya colocado arriba sobre la iniciativa de reforma en el Código Civil Federal. Destacan, de entre ellos y para el caso que aquí se trata, los siguientes:

Artículo 136 Bis.- Las personas podrán solicitar la expedición de una nueva acta de nacimiento para el reconocimiento de la identidad de género, previa la anotación correspondiente en su acta de nacimiento primigenia. [este artículo se adicionaría en afinidad con el tema de la reasignación sexual, se establece también que deberá hacerse ante Registro Civil y conforme a lo dispuesto en el Código Federal de Procedimientos Civiles]

Artículo 146.- [se reformaría por completo, definiendo la figura del matrimonio] El matrimonio es la unión libre de dos personas mayores de edad con la intención de tener una vida en común, procurándose ayuda mutua, solidaridad, respeto e igualdad.

Lo que dice actualmente este último artículo, pasaría a convertirse en el contenido del artículo 147, estableciendo éste que: “El matrimonio debe celebrarse ante los funcionarios que establece la ley y con las formalidades que ella exige”. Con esto se eliminaría el contenido actual del 147, que dice: “Cualquiera condición contraria a la perpetuación de la especie o a la ayuda mutua que se deben los cónyuges, se tendrá por no puesta”. Sin embargo, ya que esta iniciativa jamás prosperó, dicho artículo sigue apareciendo de esta última forma, lo cual termina por reducir al matrimonio a la procreación, a la “perpetuación de la especie”, aunque también es cierto que jamás especifica nada más con respecto de tal perpetuación, y en la ambigüedad de los términos pueden caber muchas formas.

Por otro lado, esta iniciativa se propone la derogación desde el artículo 148 al 155, que si son revisados en el Código Civil vigente se podrá observar que se refieren a disposiciones relacionadas con la edad de los contrayentes del matrimonio, que bajo esta misma ley vigente se establece en dieciséis años mínimos para el hombre y para la mujer catorce años mínimos, justo en el artículo 148 actual, por más increíble que pueda leerse “actual” en este caso. Esto se tendría que eliminar así como se propone para ir de acuerdo a la reforma también propuesta al artículo cuarto constitucional, que establecería la edad mínima en dieciocho años para cualquiera de los sexos, como ya se vio en la presente sección de este escrito.

La determinación de edades mínimas distintas entre los sexos para la contracción de matrimonio se constituye como una falta a la igualdad del individuo, en cuanto a sexo, ante la ley, o si no tampoco está claramente justificado el hecho de que se disponga de esa forma. Podría entenderse que se determina de esa manera por las diferencias en el proceso de maduración biológica entre hombres y mujeres, siendo más rápido en mujeres, pero esto de cualquier forma vulnera hasta cierto punto el derecho de los individuos, pues se puede pensar en casos en que los padres, como tutores, puedan autorizar la contracción de matrimonios arreglados, en los que el menor de edad no tenga realmente la voluntad de unión.

Si se analizan las disposiciones del derecho mexicano en materia civil podrán encontrarse cosas extrañas como ésta, que dejan en la mente la sensación de estar leyendo un viejo compendio de normas, de antaño. Se dice, por ejemplo, en el artículo vigente 158, que esta iniciativa abandonada de reforma se proponía derogar, que “la mujer no puede contraer nuevo matrimonio sino hasta pasados trescientos días después de la disolución del anterior, a menos que dentro de ese plazo diere a luz a un hijo”. Vaya forma de vigencia la de estos artículos que la iniciativa tenía bien a eliminar.

En fin, otro artículo que destaca sobre los demás para el tema aquí tratado, contemplado dentro de la iniciativa de reforma, que debe andar por ahí empolvándose, es el artículo 390 del Código Civil, que en su contenido vigente establece lo siguiente:

Artículo 390.- El mayor de veinticinco años, libre de matrimonio, en pleno ejercicio de sus derechos, puede adoptar uno o más menores o a un incapacitado, aun cuando éste sea mayor de edad, siempre que el adoptante tenga diecisiete años más que el adoptado y que acredite además:
I. Que tiene medios bastantes para proveer a la subsistencia, la educación y el cuidado de la persona que trata de adoptarse, como hijo propio, según las circunstancias de la persona que trata de adoptar;
II. Que la adopción es benéfica para la persona que trata de adoptarse, atendiendo al interés superior de la misma, y
III. Que el adoptante es persona apta y adecuada para adoptar.
Cuando circunstancias especiales lo aconsejen, el juez puede autorizar la adopción de dos o más incapacitados o de menores e incapacitados simultáneamente.
Lo que se propone en la iniciativa es la adición, en su fracción III, de una especificación sobre orientación sexual, quedando de esta manera: “Que el adoptante es persona apta y adecuada para adoptar, sin que la orientación sexual o la identidad y expresión de género constituyan por sí mismos un obstáculo para ello.
Aparte de todos estos señalamientos hechos de la lectura de la iniciativa de reforma al Código Civil Federal, muchos otros artículos son reformados o derogados, de conformidad con los principios de no discriminación, en este caso específico, con respecto de orientación sexual. En este sentido, muchos puntos tienen que ver con un simple cambio de términos, eliminando así el uso de mujer y hombre como la única fórmula posible del matrimonio, utilizando entonces el término de “cónyuges”, por ejemplo. Muchos otros puntos tienen que ver con la edad que ya se comentó y otros con generalidades de las leyes civiles, sobre todo en lo respectivo al divorcio. 
Entre las ideas torcidas de la ideología de género degenerada en pobre genitalismo, estas propuestas parecen sobresalir como un acierto, de verdadera inclusión y sin connotaciones ginocentristas ni androcentristas que nada aportarían para el tratamiento legal de las relaciones humanas, en necesidad de objetividad. Nótese que se incluyen modificaciones que aportarían cambios positivos, tanto en materia de la pretendida igualdad de género como en materia de una mayor comprensión acerca de diversidad sexual. Y, sin embargo, nada de esto se llevó a cabo; irrisorio y lamentable, todo a la vez.
Por si fuera poco la ligereza con la que se tomó este proyecto, surgió además un movimiento en oposición a estas consignas, el Frente Nacional por la Familia, conformado por padres de familia y numerosas instituciones de la sociedad civil, y que se centra en una definición cerrada del matrimonio como aquella unión entre un hombre y una mujer, y el matrimonio así entendido impuesto como la base de la familia natural. Consideran, por lo tanto, que las propuestas presentadas por Peña Nieto que se acaban de estudiar, van en contra del matrimonio y de la familia.
Esta organización comenzó a tener sus apariciones en diversos medios de comunicación, ganando notoriedad. Comenzaron a manifestarse en distintas ciudades del país, en el mes de septiembre de 2016, con movimientos de magnitudes considerables, expresando su apoyo a una familia de tipo tradicional, premisa bajo la cual no aceptaban ni aceptan cosas como el aborto, o incluso teniendo ciertas restricciones sobre la educación sexual o hasta el divorcio. Esta presión fue uno de los motivos más pesados que influyeron en el estancamiento de las iniciativas peñistas con respecto de la apertura legal hacia el reconocimiento de la homosexualidad en la constitución de matrimonios y en la formación de familias; la Cámara de Diputados ni siquiera las tomó en cuenta.
Uno de los actos más sonados de esta asociación fue la gira que realizaron con el famoso autobús naranja, a través de algunos puntos de la República Mexicana, que llevaba escrito en su parte exterior: “¡Dejen a los niños en paz!” y “con mis hijos no se metan”, esto último a modo de etiqueta o hashtag. Esta acción se inspiró a su vez en otra sucedida en España, orquestada por la organización HazteOir donde un autobús muy similar circuló por algunas ciudades, pero éste con la leyenda: “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Sin naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. En España, no obstante, la policía lo inmovilizó bajo la acusación de que con ello se incitaba al odio.
Su lucha, aunque legítima, bajo el amparo de la libertad de expresión y la tolerancia, que muchas veces son conceptos bastante retorcidos por muchos, se sostenía y se sostiene con argumentos falaces, en especial en lo relacionado con la educación sexual. Habrá que recordar aquí la reforma constitucional en materia de derechos humanos que se trató ya en el escrito sobre la Víctima en México, en donde se hace un reconocimiento de lo dispuesto también en tratados internacionales, atendiendo a un principio pro personae. Los derechos sexuales y reproductivos se incluyen en estos tratados y en la propia Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes; incluso vienen desde el año 1994, con la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo, en Egipto (ONU).
El recorrido del autobús nace con el objetivo primordial de eliminar la Cartilla de Derechos Sexuales de Adolescentes y Jóvenes, por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y en oposición a las iniciativas ya comentadas. Cabe mencionar que, además de las leyendas que ya se citaron, el autobús del Frente Nacional por la Familia también llevaba la siguiente: “Es perverso decirles a los niños que desde los 10 años pueden tener sexo con adultos y abortar. Sin conocimiento de sus padres. En educación, biología, no ideología de género”. Esto es una total mentira, pues ni en dicha cartilla ni en ninguna ley se dice tal cosa, incluso se sabe bien que tener relaciones sexuales con un menor de edad es de hecho un delito.
Además, en la misma cartilla, se consideran como adolescentes y jóvenes, que son a los que alude el documento, a los grupos comprendidos en un rango de doce a veintinueve años de edad, desde ahí el absurdo de sus afirmaciones. Esto conforme a lo dispuesto en la ya mencionada Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, disponiendo en su artículo quinto que: Son niñas y niños los menores de doce años, y adolescentes las personas de entre doce años cumplidos y menos de dieciocho años de edad”. La cartilla no va dirigida a niños, sino a adolescentes y jóvenes, por lo que no se dirige hacia personas menores de los doce años. Todos los derechos señalados ahí están apegados a lo establecido en las normas jurídicas vigentes, incluso en lo referente al aborto que es legal sólo en caso de que se compruebe violación y de que la víctima así lo decida.
El punto central de las inconformidades de esta organización es así la educación sexual, y su preocupación sobre el tema sí que lleva en sí tintes bastante puritanistas y actitudes sospechosamente religiosas: algunas instituciones religiosas, de entre las que resalta la Arquidiócesis Primada de México, si bien se deslindaban de relaciones directas con el Frente Nacional por la Familia o de ayudar con la organización de sus manifestaciones, sí expresaban un cierto apoyo en lo relativo a la protección de la familia desde un ángulo conservador y tradicionalista.
En vista del énfasis en la educación sexual y su preocupación sobre el tema, realizan todo un análisis de los libros de texto de la Secretaría de Educación Pública, a nivel nacional en primarias y secundarias, disponible en su portal de internet. Como introducción aluden a los discursos dados con motivo del 17 de mayo de 2016, designado como el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia, por ser el día en que se elimina a la homosexualidad de las enfermedades mentales, esto en 1990, por parte de la Organización Mundial de la Salud. Es en este evento de conmemoración que se liberan y se presentan las dos iniciativas peñistas que ya se trataron.
El documento que componen y que denominan ellos mismos como un análisis, no es en realidad un análisis exhaustivo de los libros de texto y es de hecho bastante pobre, pues sólo extraen del material analizado unas muy pocas partes, de muy pocos libros, y lo que toman ni siquiera lo analizan a profundidad, incluso sacando conclusiones muy extrañas, sin una lógica clara y de forma arbitraria en la mayoría de los casos, no presentando fundamento alguno. De cualquier manera, se exponen aquí los elementos más relevantes:

Libro: Tu futuro en libertad.
Por una sexualidad y salud reproductiva con responsabilidad”.

En las páginas 54 y 55 del libro, con respecto de la orientación sexual, se establece que ésta se define por una constante atracción hacia un sexo determinado, por lo que la identidad sexual no se define en un sólo acto, sino que se va definiendo; la orientación sexual es entonces una preferencia sostenida. De esto, ellos concluyen que se “niega que la atracción hacia el sexo opuesto es natural y [se] legitma que todos los seres humanos tiene [sic] dudas sobre sus preferencias sexuales”.
Del cómo llegan a eso partiendo de lo escrito en esas páginas es todo un misterio. En ningún momento se escribe nada parecido a una negación de la naturalidad de la atracción hacia ninguno de los sexos, no hay ninguna conexión lógica que de lo redactado pueda sugerir esta negación fantasma. Las dudas que mencionan sobre la preferencia sexual, por su parte, no se legitiman precisamente por el texto, sino que son de por sí legítimas en tanto que el sujeto cuenta con libertad de decisión, procurada además por las leyes bajo principios como el de no discriminación.
Finalmente, en este libro, en el párrafo cuarto de su página 60, cavan todavía más en el absurdo hasta acabar en lo totalmente irrisorio, al señalar la frase: “la masturbación no causa daño físico ni mental”. De esta frase, que además se apoya en la ciencia, concluyen toda una sarta de tonterías fuera de lugar, de todo lugar, pues de acuerdo a su lógica retorcida, por considerar a la masturbación como un acto beneficioso, su práctica se volverá constante hasta convertirse en hábito y con ello ocasionará graves problemas entre las parejas”.
Con esta misma lógica, todos tendríamos entonces el hábito de comer saludable y de tirar la basura en su lugar, de argumentar nuestros escritos de forma correcta y de analizar objetivamente las posturas de los otros para entenderlas, en lugar de atacarlas sin más. Porque sabiendo que estos son buenos actos (y habría que ver: buenos para quién y por qué), se harían hábito. Sin embargo, a la larga, ocasionarían problemas en nuestras relaciones, y tal vez es por eso que casi nadie los adopta; ahora lo entendemos todo.
En el libro jamás se promueve su conversión en hábito, se remiten al enlistado de sus beneficios y a la realidad del acto conforme a la ciencia, eliminando con ello falsas creencias, y definitivamente ha de tenerse por falsa creencia el hecho de que la masturbación causa problemas en las parejas, cosa que no es así a menos de que el individuo desarrolle una especie de obsesión patológica, y esto no se contagia a través de libros.
Libro: “Equidad de género
y prevención de la violencia en preescolar”.
En este libro, dirigido a docentes, en la página nueve (la segunda página de su introducción), extraen de las viñetas referidas a los propósitos del libro, la primera, de la que les interesa solamente la mención de la “construcción sociocultural del género”. Para ellos la sexualidad está determinada por el sexo biológico, no concibiendo así que se contamine de factores externos como el cultural, cosa que bien o mal, pasa en la realidad y esta realidad sí que es “imposible de anular”.
Después de ello, se van hasta la página trece de este libro, en donde acusan de equivocado al programa de educación preescolar de la SEP en cuanto al reconocimiento que hace del hecho de que “las definiciones de lo femenino y lo masculino son construcciones sociales”. El error, según ellos, se constituye porque para ellos, como se puede apreciar claramente con lo que proclaman, la sexualidad en toda su extensión se reduce al sexo biológico, de modo que incluso las figuras de lo femenino y lo masculino, englobadas en ese ámbito, también corresponden con el sexo biológico y se reducen a éste.
Haría falta que estos grupos se pusieran a estudiar historia y otras tantas materias. Si con el ginocentrismo lo que tiende a pasar, como se vio, es una sobrevaloración del sexo, con esta oposición a la diversidad sexual lo que se observa es una subestimación absurda de la sexualidad; los diversos matices del determinismo sexual de la época. Lejos de la objetividad, el mundo se columpia entre el menos y el más, sin poder jamás anclarse en ningún punto.
Sexto Grado”.
En la página 26 de este libro, apuntan hacia el segundo párrafo de la página, en su inicio, que explica que la vida sexual conlleva también riesgos a la salud, a través del contacto que se establece, ya sea por vía oral, vaginal o anal. Menciona por ello la necesidad de tomar precauciones, tomando de ejemplo la utilización del condón. Incluso menciona también la posibilidad del embarazo y resalta su peligrosidad en edades tempranas, ya que el organismo de la mujer no está del todo preparado. 
Los del Frente Nacional por la Familia, sin embargo, se preguntan: “¿Es lógico que a niños y niñas de 12 años se les estén dando opciones sobre cómo realizar el contacto sexual? ¿Cuál es el objetivo?”. Asumen que lo que se está haciendo es dar opciones para tener relaciones sexuales, como si en lugar de lo que dice el texto, lo que se colocara en sus páginas fuera el mismísimo Kamasutra en versión grotescamente explícita o alguna serie barata de relatos eróticos sin la menor gracia.
Todavía más allá de tal exageración, manifiestan su preocupación de que los alumnos se inquieten y prueben todas las opciones imaginarias que ven ellos en el libro y luego comparen sus experiencias. Para los miembros de esta organización, pareciera que sus hijos son todos unos desesperados por tener sexo de todas las formas posibles para ver quién es el que más orgasmos ha tenido. El libro no dice nada que incite a ello, y además, en todo caso, si el alumno adoptara tal actitud e hiciera tonterías con relación al tema, mucho tiene que ver con lo que se inculque en el hogar al que pertenece.
Tal vez lo único que pueda, más o menos, defenderse de este movimiento opositor ante la diversidad sexual y el trato dado sobre el tema en la educación mexicana, sea el hecho de que es un movimiento legítimo y válido, en tanto que estamos hablando de un país que presume de libertad de expresión, y en tanto que estamos hablando de una época donde no se puede nunca admitir que no haya tolerancia para quien sea, por más perjudicial que ello sea, mientras no se cometa un delito. Esta organización, a favor de una visión conservadora de la familia, hasta el hartazgo, tiene todo el derecho a manifestar sus propias ideas, todos se merecen el beneficio de la duda y nada puede descalificarse sin argumentos válidos. 
Sin embargo, sus argumentos no son lo suficientemente sólidos y se pierden entre acusaciones sentenciosas, que acaban por parecer más caprichos tercos que quieren que la gente compre sin titubeo alguno, y por todo esto habrá que descartarse su papel.  Los objetivos de los libros que pretenden analizar, funciona simplemente como una complementación del material educativo en el que los alumnos puedan reflexionar acerca de la diversidad sexual, descubriendo sus propias afinidades e incomodidades. Es importante que durante el proceso de identificación y de aprendizaje emocional del individuo se le comuniquen mensajes que fomenten el respeto hacia los otros, sin que por ello se intervenga o se modifique su propio proceso de tipificación sexual.
Lo que se ha hecho en la materia dentro del sistema educativo no interviene de forma invasiva en el desarrollo del infante, aunque las malinterpretaciones de los bloques más conservadores del país acusen a estas acciones de incitar a los niños a comportarse de una u otra manera. Es apropiado y muy acertado, por ejemplo, lo que se escribe en el libro también ya tratado “Tu futuro en libertad”, pues las explicaciones ahí dadas, arrojan la información adecuada y fomentan también la aceptación de la diversidad, en una sana convivencia sin discriminación.
En otro de los libros que “analizan”, el de “Formación Cívica y Ética”, pero el que va dirigido a los alumnos de primer grado de primaria, se muestra en la página 115 una ilustración (la de la izquierda) en donde se puede apreciar una familia con dos figuras paternas, o al menos así se sugiere o se insinúa. Ello también aporta a la inclusión de la diversidad, introduciendo sutilmente a la propia diversidad dentro del marco de la normalidad, de forma que si el alumno lo ve no se escandalice o tenga la érronea idea de que ello no está bien.
A pesar de estos aciertos, por otra parte, la fuerza que ha ganado el tema de la diversidad sexual con la ideología de género, también se ha visto contaminada de la degeneración del totalitarismo genitalista, a tal grado que el hecho de no ser partidario de tales círculos le cuelga al individuo fobias y lo convierte en detonador directo de odios, arbitrariamente. Ello no es necesariamente de esa manera, y aunque se esté en contra, que obviamente puede pasar, no porque las nuevas minorías siempre se victimicen uno tiene que ocultar tal postura o modificarla sólo por sus inconformes sensibilidades. La tolerancia no es privilegio exclusivo de “minorías” tampoco, y así como la homosexualidad no es ya considerada una enfermedad, en lo cual parece haber convención general, la llamada “homofobia” tampoco debe considerarse como tal.
La homofobia se refiere a una aversión hacia la homosexualidad o hacia las personas homosexuales, aunque en lo coloquial se tiende a incluir ahí también una aversión hacia la diversidad sexual en general, entendiéndose así a los transexuales o a los bisexuales, entre otros. El término ha sido apropiado por los partidarios de la diversidad sexual enceguecidos por el hermetismo mental propio de las corrientes genitalistas para etiquetar y señalar a todo aquel que no comulgue con su forma de pensar o que no se considere como partidario o a favor de sus inclinaciones sexuales.
Este tipo de casos puede verse, por ejemplo, en relación con las precampañas para la elección presidencial mexicana a celebrarse el primer día de julio del 2018, un periodo de precampaña que finalizó en el mes de febrero de dicho año. Para esta ocasión, los partidos decidieron unirse en tres grandes coaliciones, de entre las que resalta, para los fines de este escrito, la que firmaron los dirigentes del Partido del Trabajo (Alberto Anaya), del Partido Encuentro Social (Hugo Eric Flores) y Movimiento Regeneración Nacional (Andrés Manuel López Obrador).
El problema surge con la alianza que se da sobre todo entre los dos últimos, siendo López Obrador, además, el candidato a la presidencia por esta coalición, cosa que no es de sorprender si se observa la trayectoria política de este peculiar personaje. La alianza entre los partidos MORENA y PES recibió, casi de inmediato, una serie de críticas por el hecho de que un partido de izquierda, tal vez el más representativo de la izquierda mexicana, que es el encabezado por Andrés Manuel, se uniera en coalición a un partido de derecha, que a veces incluso es considerado como de ultraderecha, como es el de Encuentro Social, que lleva por ahí muchos tintes moralistas cristianos.
El Partido Encuentro Social nació en Baja California en el año 2005, como una asociación civil, para después obtener en el 2006 el registro como un partido estatal, finalmente convirtiéndose hasta el año 2014 en partido nacional, con una ideología marcadamente conservadora y una posición clara en contra de temas como el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin duda, una mentalidad muy cercana al Frente Nacional por la Familia, del que ya se ha comentado, y al que el PES manifestó también apoyo en su momento, aunque no formando como tal parte del movimiento. Aun con esto, y con el hecho de que se conforma principalmente por cristianos evangélicos y de que se denomina por sí mismo como “partido de la familia”, el partido se declara como no religioso y hasta liberal; todo ello dispuesto en su portal de internet.
Esto entró, por supuesto, en contraste con MORENA, que obtuvo su registro como partido nacional al mismo tiempo que PES. MORENA, por su parte, es un partido de izquierdas que ha manifestado su apoyo a la diversidad sexual, contando incluso con una secretaría especializada en ello, del que es titular nacional Temístocles Villanueva, quien emitió un comunicado en diciembre del 2017 para aliviar las críticas e insistir en el apoyo que se pretende brindar en este partido hacia la comunidad en cuestión, más allá de la alianza que se estableció con Encuentro Social. Fue él mismo, como titular de esa secretaría, quien exigió también la destitución de la diputada tabasqueña Candelaria Pérez Jímenez, cuando realizó declaraciones en las que manifestaba que le “gustaría que no existieran los gays; posteriormente fue de hecho destituida.
Las críticas hacia esta alianza, de cualquier forma, van mucho más allá de lo que en realidad se ha hecho, al menos hasta el momento, pues no ha habido acción alguna en la realidad, que emane de esta unión partidista, en la que se vulneren los derechos de la comunidad que se identifica como parte de la diversidad sexual. En adición a ello, tampoco es vigente ya la división ideológica entre la izquierda y la derecha en política, son términos que deberían condenarse al desuso en la actualidad, pues su utilización es ya sólo válida en cuanto a que a cada término se atribuyen una serie de adjetivos o características que el vulgo así ha ido determinando, pero que ya no pueden considerarse exclusivas de uno u otro lado, de uno u otro partido político.
Bien o mal, además, es bien sabido que el partido dominante en esa coalición es el fundado por Andrés Manuel López Obrador, y se supondría que los otros dos partidos aliados tendrían que someter su propia visión ideológica ante el líder, y no al revés. La congruencia en esta alianza, si bien puede ser difícil de observar, lleva también una cierta lógica, sobre todo por el hecho de que la moda de la inclusión, auspiciada por el progresismo de la época, se ve en la necesidad de una democratización extrema de pensamiento, ideología, creencias, etcétera.
El mismo López Obrador ha justificado esto con la libertad de culto y el respeto a las creencias, lo que sin duda debe contemplarse. Esta inclusión que impera hoy, si no se acepta la unión entre posturas diferentes, entonces tiene sus límites, y habría que definir quién establece esos límites, cuáles son y las razones por las que así se determina. En todo caso, lo que se está haciendo con este tipo de inconformidades es decir que sí hay que unirnos todos, pero no si no comulgan con las ideas de los grupos que ejercen presiones actualmente en diferentes esferas. Los únicos límites objetivos y definidos son los que se establecen a través de las disposiciones legales, y mientras no se violen dichos preceptos no se le puede limitar a nadie en cuanto a sus propios ideales y la expresión que haga de los mismos.
Téngase también en cuenta que el PES no se ha manifestado realmente en contra de la diversidad sexual o de orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad, sino que bajo una visión más conservadora y tradicionalista acerca de la constitución de la familia, entendida como institución social, defiende los valores que considera importantes para la convivencia social. Además, PES se constituye como un partido conciliador entre la supuesta izquierda y la supuesta derecha, cosa que expresan de entrada con sus colores institucionales, y el hecho de que sus militantes sean en buena parte religiosos, aunque podría influir en cierta medida, no implica que el partido se rija absolutamente por ello, y de ser juzgado así se estaría cayendo en erróneos argumentos ad hominem que no arrojan juicios realmente objetivos.
Sería un completo atentado a la libertad de expresión que se les pidiera mentir con respecto de lo que creen y piensan para que todos los demás estén contentos, y si lo hicieran eso sí que sería una completa incongruencia, pero con todas las vaciladas de la época en que vivimos ahí seguro ni surgirían críticas, pues la congruencia, como otros términos, son torcidos a conveniencia.
Otro de los casos en donde puede verse esta verdadera incongruencia de la inclusión progresista al servicio del totalitarismo genitalista, también en el terreno de lo político, se observa en el caso de Margarita Zavala, registrada oficialmente como candidato independiente también a la presidencia mexicana, para las elecciones de julio del 2018. En los últimos meses del año 2017 comenzó a difundirse un video de muy corta duración en el que lo único que puede apreciarse es que una pareja de lesbianas con hijas se acerca, presentándose como tal ante la candidata, quien enseguida se da cuenta de que se está grabando video, por lo que pide que no se haga diciendo que ello “es distinto”.
El video se divulgó a través de diversos medios bajo la acusación, infundada, de que rechazaba a una pareja homosexual, precisamente por el hecho de ser homosexual. Sin embargo, por más desagradable y gris que sea el personaje de Zavala, o por más que se pueda diferir con ella en cuanto a sus visiones políticas, no había ni hay forma de concluir por el video difundido que la ahora candidata estaba rechazando a la pareja homosexual o que evitara a las mujeres que en el video se acercan a ella; de hecho, está con ellas y las escucha.
La malinterpretación general, que es bastante popular en nuestros días, a pesar de lo anterior, no se hizo esperar. Tanta relevancia alcanzó, que fue traído a colación en una entrevista que dio Zavala para el noticiero Despierta Con Loret, frente a los periodistas Ana Francisca Vega, Enrique Campos y Carlos Loret de Mola. Para colmo, en esta entrevista, se hace también una tergiversación absurda de sus palabras, cuando menciona que “en [su] equipo hay mujeres, hombres, hay homosexuales, que además son parte de [su] equipo y [le] honran con su amistad”.
Por esas simples palabras, recibió también fuertes críticas que pregonaban que Zavala separaba a los hombres y las mujeres de las personas homosexuales, como si éstas no fueran hombres y mujeres. Es tan absurda la trabucación que se hace de lo dicho en la entrevista que es hasta difícil de explicar la forma en la que de eso se terminan sacando tales conclusiones en completa arbitrariedad. Lo que dice Zavala no tiene nada que ver con una supuesta separación explícita de las personas homosexuales de los hombres y las mujeres, a lo mucho lo que separa a estos grupos en lo que dice es una simple pausa, que en lo escrito se interpreta en las comas utilizadas.
Esto no significa, desde ningún ángulo, un entendimiento, por ella ni por nadie, salvo que se quiera dar ese significado con intenciones maliciosas o hasta tontas, de los grupos mencionados, bajo criterios diferentes, como grupos distintos. Por otra parte, basta con abrir un poco la mente para entender que cuando en el video menciona que para grabar es algo distinto, puede estarse refiriendo a que se lleva una mecánica diferente, porque en cuestiones de comunicación política se deben cuidar ciertos protocolos para situaciones específicas, precisamente para cuidar la imagen pública del candidato o del personaje de que se trata.
Así como eso, también debería entenderse un poco mejor que en una entrevista en vivo no se va realmente preparado con respuestas cuidadas para el gusto de todos los afiliados a la corrección política a que tanto se aferra la gran mayoría. Lo que dijo en la entrevista con Loret no expresa realmente lo que la crítica general le ha reprochado, y aun con que enseguida declara que para ella “el matrimonio es entre hombre y mujer”, se muestra también respetuosa con la unión entre homosexuales, para lo que ella piensa que debe designarse otro término en la ley.
Es mucho más respetable una actitud honesta y directa sobre las propias creencias y el propio pensamiento, como la que expone Zavala acerca de su posición frente al tema, que además es bastante firme e incluso diplomática, que una actitud molesta como la que toma la crítica con bastante necedad y retorciendo engañosamente las palabras de la candidata, hasta no dejarle otra salida que disculparse por pensar distinto a ellos; vaya contradicción la de estos “grupos minoritarios”, que no paran hasta ver a todos rendidos ante lo que ellos quieren. Se disculpó a través de un mensaje en la red social Twitter, por los posibles malos entendidos, y reiteró su respeto a la diversidad sexual, lo cual sí había ya manifestado en varias ocasiones, pero cada quien hace su propia discriminación de los discursos que le vienen en gana.
Como bien lo dice Ana Francisca Vega en la misma entrevista, las creencias personales “son respetables, individuales y absolutamente únicas, cada quien piensa lo que quiere”, y como responde después Margarita Zavala, la gente también debe saber las creencias y los valores del político, y también debe respetarlas. Ello no quiere decir que se imponga religión alguna o que un sistema de creencias reine sobre los demás, e incluso Zavala declara un entendimiento sobre los peligros que conlleva el mezclar el Estado con la Iglesia.
A la ofendida sociedad, de todas formas, no le interesa nada de lo anterior y prefiere confundir las palabras del otro sin siquiera prestarle atención como se debiera. Se ha conformado así en la sociedad la diversidad sexual, con este tipo de reacciones tan poco pensadas, bajo la ya popular denominación de “Comunidad LGBT”, esto por las siglas de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales).
Más allá de esos términos, de cualquier forma, esta comunidad se ha dejado llevar por la progresista tendencia progresiva que quiere abarcarlo absolutamente todo, para que todos se sientan incluidos; esta nueva tendencia que a fin de tenerlos a todos contentos, se ve en la necesidad de sacrificar las posturas individuales a favor de una adaptación del individuo ante el otro, debiendo así uno cuidar pensamientos, discursos y acciones para evitar que el otro se sienta ofendido o excluido.
Es así que la forma en que se denomina esta comunidad también ha sufrido una evolución disparatada, rayando en la absurdidad, pues las siglas han aumentado exageradamente para considerar otros términos, como la transgeneridad, el travestismo o transformismo, la intersexualidad, lo queer, la asexualidad, o algunas veces hasta la pansexualidad u omnisexualidad. Por ello puede verse en algunas organizaciones o en estudios o investigaciones sobre estos asuntos, la utilización de una serie de siglas más amplia: LGBT+, LGBTQ, LGBTI, LGBTTTI, LGBTTTIQA, entre otras, no precisamente con un orden establecido.
De acuerdo al “Glosario de la diversidad sexual, de género y características sexuales”, elaborado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), se arroja un poco de luz sobre los términos. Este glosario fue elaborado con ayuda de la  Subcomisión de Grupos Vulnerables de la Comisión de Política Gubernamental en Materia de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, y con ayuda de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV). Para su elaboración también se realizó una revisión de los Principios de Yogyakarta en la materia, del protocolo de actuación de la Suprema Corte para casos que involucren orientación sexual o identidad de género, y de los criterios emitidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos también en la materia. Se tiene así lo siguiente:
Trans:
Se incluye aquí a la transgeneridad, la transexualidad y el transformismo. Lo que tienen en común estos tres términos es que el sexo al nacer, del individuo identificado bajo tales conceptos, no coincide con su identidad de género o con la expresión que tal individuo quisiera dar sobre el género con el que realmente se siente identificado.
La diferencia que se hace entre las personas transgénero y las personas transexuales, que a veces no está del todo clara, es la forma en que adecuan su corporalidad a su psicología. Los transgénero generalmente eligen una reasignación hormonal sin llegar a la intervención quirúrgica de los órganos sexuales, mientras que los transexuales tienden a optar por una intervención quirúrgica, en adición a la reasignación hormonal. El travestismo, por su cuenta, está mejor entendido, como aquella preferencia del individuo por mostrarse con una apariencia que generalmente es atribuida al sexo opuesto, esto con ayuda de la vestimenta y las actitudes o formas de comportamiento.
Intersexualidad:
Se refiere a una condición biológica en la que la anatomía sexual no se ajusta del todo a la de ninguno de los sexos. Las características sexuales con las que nace el intersexual corresponden en diferentes grados tanto al sexo femenino como al masculino. Se les ha identificado también como hermafroditas, pero ya no es considerado ese un término adecuado, ya también se considera discriminatorio.
Queer:
En esta categoría se incluyen aquellas personas que no se identifican con ninguno de los géneros, ni con el suyo ni con el otro, pudiendo moverse entre uno y otro, y creando con ello, de alguna manera, otras alternativas. La gente queer no busca ser definida como masculina ni como femenina, y en parte por ello es que se ha dado la deformación del lenguaje con la introducción de las letras “e” y “x” en lugar de la formas castellanas para el masculino y el femenino (la “e” o la “x”, quier en lugar de la “o”, quier en lugar de la “a”). Para saber más, se recomienda leer sobre las teorías queer, por ejemplo, de Judith Butler y Jack Halberstam.
Asexualidad:
Nula atracción erótica hacia cualquier persona, lo que en todo caso debería interpretarse como una falta de orientación sexual, pues no hay una inclinación sexual hacia nadie, no como una orientación sexual más. Las personas asexuales, sin embargo, menciona el glosario, llegan a relacionarse afectivamente e incluso llegan a excitarse o a practicar el acto sexual.
Pansexualidad:
Atracción erótica y afectiva hacia otras personas con total independencia de cualquiera de los aspectos englobados en la sexualidad y en su diversidad terminológica.
De esto se tiene que la comunidad, en relación con las siglas con las que se denomina, no guarda ni siquiera una lógica seria o bien establecida, pareciendo ceder ante la obsesiva inclusión de los grupos que además se suman sin parar, más allá de si tienen que ver o no en cuanto a los mismos ideales. Existe, y se puede observar, una diferencia entre los términos que ahí se agrupan, en lo sustancial, en la propia naturaleza de sus grupos: es evidente que los grupos fundadores del término (lesbianas, gais y bisexuales) se identifican así por orientación sexual, una atracción dada hacia el mismo sexo o hacia ambos. Mientras tanto, la transexualidad, la transgeneridad y el transformismo, se refieren a un estado psicológico que, más allá de la orientación sexual, involucra la identificación del individuo a sí mismo con respecto de un género u otro. Por lo tanto, puede haber combinaciones entre ambos sectores; por ejemplo una mujer transexual lesbiana, o un hombre travesti bisexual.
Tampoco es ningún secreto que dentro de la misma comunidad, a la que se alude, existe una cierta discriminación o un cierto desacuerdo en diferentes niveles, pero está bien, porque el desarrollo natural de la sociedad en sí misma no permite una comunión total entre los grupos que se forman en el proceso natural de agrupación o fragmentación social. No tiene que ser ello causa de ofensa ni provocar con ello la designación de términos para cada cosa particular, casi de forma maniática, que muchas veces ni siquiera son necesarios, y el pensamiento o la creencia distinta a la de un cierto grupo tampoco debe ser motivo para su condena. Eso no lo han entendido, con todo y el supuesto progresismo y la supuesta inclusión a que se afilian, supuestamente.
Esta terca tergiversación que caracteriza a la nueva era, y que ha invadido hasta el terreno del lenguaje, se hizo también presente en el ámbito deportivo, en lo referente a la palabra “puto”, que se acostumbra expresar sobre todo cuando el portero despeja el balón. La utilización del término, defendida al principio por la Federación Mexicana de Fútbol y por los aficionados mexicanos en general, fue condenada por la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) por considerarlo un término peyorativo, ya que en un cierto sentido es usado de forma despectiva para señalar a los homosexuales.
Este grito se popularizó o tomó fuerza durante y a partir del mundial que se llevó a cabo en el 2014, en Brasil. Posteriormente, la Federación Mexicana lanzó la campaña “Abrazados por el fútbol“, en el año 2016, que llamaba a la no discriminación y al respeto de las diferencias, pues de acuerdo a Decio de María, como presidente de tal grupo, si a algunas personas no les gusta todos deben de alinearse a lo que sí les gusta para evitar posibles ofensas, todos envolviéndose en el “sentido de inclusión hacia todos”, como él mismo dice en la entrevista del enlace colocado en este párrafo; una inclusión que al parecer es muy poco flexible. Con todo esto, la Federación Mexicana ya registra en su andar el pago de más dos millones de pesos mexicanos por concepto de multas, impuestas por la FIFA.
A pesar de que el término pueda ser ofensivo para algunos, lo cual no es para nada una sorpresa considerando la ultrasensibilidad del individuo en la época actual, el sentido en que se utiliza la palabra también debería haber sido considerado, sobre todo en cuanto al contexto en que se utiliza, que tiene definitivamente un peso importante, por encima incluso de la terrible victimización en que muchos se refugian para llamar la atención. Es bien sabido que en la lengua coloquial, tal palabra también es utilizada para describir a una persona que se comporta de manera incorrecta, cobarde o deshonesta, y no exclusivamente con el peyorativo sentido de describir a un homosexual, aunque ahora todo se quiera hacer girar alrededor de la diversidad y sus caprichos.
Si a estos extremos ha llegado la denominación de “violencia verbal”, y pretende llegar más lejos, habrá que lamentar una inminente mutilación del lenguaje, bajo la ridícula motivación de evitar ofender a cada uno de los grupos que quieren ganar notoriedad y un supuesto respeto inclusivo que tampoco dan del todo, bajo la ridícula posible acusación de que las palabras sean un discurso de odio, en muchos casos debido más bien a una malinterpretación. Los hablantes del idioma no pueden ser tachados de machistas o de “homófobos” por el uso de una palabra que evidentemente no se realiza con el afán de insultar a tal comunidad, aunque dicha comunidad crea o quiera ser siempre el centro de atención.
Esto es una cínica muestra de cómo sacar de contexto las cosas a favor de un cierto grupo, sin considerar la totalidad de los aspectos involucrados y por necias exigencias caprichosas. Muchos miembros de la comunidad incluso se refieren a sí mismos de esa forma, con un sentido de sarcasmo, ironía o simple burla; si no se van a tomar en cuenta contextos ni acepciones ni usos ni sentidos, entonces hasta algunos homosexuales deberían ser reprendidos por utilizar la palabra. De la misma forma en que ello se lee agresivo y absurdo, se lee también la reprensión represiva que se hizo a la Federación Mexicana de Futbol y a los aficionados.
La palabra “puto” también fue el centro de las controversias sucedidas con respecto de la canción homónima del grupo musical mexicano llamado Molotov, que se caracteriza por letras cargadas de crítica hacia el gobierno mexicano, la política y la realidad social del país. Este grupo fue también presa de duras críticas y acusaciones con la letra de dicha canción, al rezar cosas como: “Que muy machín, ¿no? Ah, muy machín, ¿no? Marica nena, más bien putín, ¿no?” o “matarile al maricón”. Esta letra, muy del estilo políticamente incorrecto de la banda, fue interpretada erróneamente como un ataque a los homosexuales, pero lo que dice la letra no está dirigido de ninguna forma a éstos y mucho menos pretende insultarlos.
La misma canción se refiere después a un “puto” como “el güey que quedó conforme”, “el que creyó lo del informe”, “el que nos quita la papa”; es más que evidente que la utilización del término sirve ahí para criticar a las acciones políticas y a la cobardía de la sociedad mexicana frente a ellas. Sin embargo, fue tema de protestas en otros países del mundo como Alemania, incluso más que en México, pues los matices que se le dan a la palabra en éste último llevan muchas veces connotaciones referentes a una persona cobarde o perdedora, no precisamente a una persona homosexual.
Si no se atienden ni siquiera regionalismos, cualquier joven mexicano debe ofenderse y denunciar a todo argentino o uruguayo que le llame “pendejo”, sin pensar que para ellos no constituye tal palabra un insulto, sino una forma de referirse a un joven. Si este tipo de cosas sigue avanzando sin control, el individuo tendrá que cuidar cada vez más lo que piensa, lo que cree, lo que hace, lo que dice, lo que expresa. Debido a una vigilancia represiva y autoritaria de lo políticamente correcto como lo único aceptable, llegaremos al fin a una censura total, y tal censura ha de considerarse como una incorrecta política.
En medio de este determinismo sexual, esta inclusión obsesiva del progresismo en que vivimos acabará por anular al individuo, obligándolo a la adopción de una actitud adaptativa en un proceso rígido de flexibilización extrema de su pensamiento, de su discurso y de su comportamiento. Las posturas individuales están siendo subordinadas por la manía social de encajarlo todo en la esfera de la corrección política, sacrificando así la autonomía del individuo a favor de una asociación obligada con modas ideológicas, encarcelando a la libertad de expresión tras las rejas de la ultrasensibilidad que padece la sociedad actual.
El individuo terminará por expresarse en función del otro, de lo que a éste pueda agradar, cambiando así continuamente de forma, en lugar de expresarse realmente a sí mismo, en cuanto a su contenido auténtico. No se le deja otro camino que la versatilidad para el enfrentamiento ante lo social y la supervivencia en la sociedad, defórmandose así la propia identidad individual en aras de una identidad colectiva. En este sentido, se corre el peligro de una terrible eliminación o supresión de los deseos o las displicencias individuales a causa de la aspiración de pertenencia, una horrible anulación de la autorrealización y la satisfacción del individuo, que no puede ser totalmente sí mismo.
La integración social, en una sociedad obsesionada con la ilimitada y contradictoria tolerancia de la inclusión, deviene en un proceso arbitrario que quiere hacer del individuo un ser demasiado voluble para construirse una identidad determinada, demasiado maleable para definirse íntegramente como alguien, teniendo con ello que inventarse máscaras o disfraces frecuentemente para sobrevivir entre los otros. En este ambiente, el sujeto deja de construirse a sí mismo para seguir tendencias, dependiendo así del comportamiento de los otros, de la colectividad general.

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