Principios filosóficos.

I. Hago lo que me parece, pues nadie me puede exigir ni obligar, ya que no cobro de nadie; me conformo con poco y no necesito más; mi salsa es el hambre y lo que da sabor al agua que bebo es la sed; yo no quiero necesitar de nada.

II. El día en que alguien sea justo, será azotado, atormentado, puesto en cadenas, vaciados sus dos ojos y, al fin, rendido a tormentos, empalado; ya que en este mundo no se valora el ser justo sino el parecerlo.

III. Es un espíritu como yo, pero animalizado, con todas las características propias de un animal. Es un animal también como yo, pero espiritualizado, con la inteligencia y libertad propias de los seres espiritualizados.

IV. Corren como si fueran a apagar un incendio, atropellando a cuantos encuentran a su paso, poniendo en peligro la integridad propia y la de los demás con quienes tropiezan. Cuando llegan agotados a sus casas, ellos mismos juran no saber por qué han salido ni dónde han estado; pero, al día siguiente, vuelven a las mismas. Uno me da un codazo, otro me golpea sin querer con una pesada viga, éste me golpea en la cabeza con un tablón y aquél con una tinaja.

Algunos sólo escuchan, no aprenden; preferirían que se descompusiera el mundo antes que su cabellera; se precian más de estar bien afeitados que de ser honestos; poseen libros como ornato, lo único que les agrada son las cubiertas y el título.

Todo su empeño se reduce a peinarse y rizar el cabello, extenuar la voz y suavizarla con acentos pobres, competir en el cuidado del cuerpo, en la afectación y delicadeza, en perfumarse con el inmundo asco de ungüentos y olores, no sabiendo que el mejor olor del cuerpo es no exhalar ninguno.

V. Amo, pero me fijo bien en qué es lo que merece amarse, y eso lo investigo, aún no he podido afirmar nada. Sin embargo, hay un infierno para los que quieren saber demasiado, varas cortadas listas para los preguntones ociosos. Por lo tanto, sigo esclavo de la pasión de la carne, gozando del mortífero placer de llevar a rastras mi cadena, temeroso de soltarla.

[Nada logra cicatrizar la íntima herida que causa el extravío del ser; tras los agudísimos dolores iniciales, se gangrena y sigue supurando. El dolor es más frío, pero más desesperante.]

VI. Yo no acierto a ver dónde están mis fantasías, y por eso estoy tan triste, y tan a menudo lloro, y me encuentro en tal flaqueza. Me enfrento al espejo y se niega a escucharme, y me tiene a mí en nada; me mira como necio e indiscreto. Es que no logro hojearme como gato que pasa sobre brasas, me hundo, me ahogo en mis palabras: voces y aullidos de bestias.

VII. En definitiva me parece mucho más difícil, es decir, mucho más estúpido, que una mentira vuele, que el que un buey rece. Entre principios y conveniencias prácticas encontrar bautizados es más difícil todavía.

VIII. Es posible que lo que pensamos ver, oír o tocar no sea más que un producto de nuestra fantasía, como si constantemente viviéramos en un estado de enajenación o sonambulismo. Para intentar ver la realidad, abandono en ocasiones mi ambiente y me introduzco en un clima de aparente frivolidad. He aprovechado con esto tal vez más que si empleara todo el tiempo en la lectura de los libros y el trato de la gente.

Mi filosofía se ha quitado, sin gestos desafiantes, la cofia de criada de la teología, a pesar de no lograr desprenderse totalmente de ciertas reminiscencias de su pasado servilismo. Dudo, es decir, pienso, es decir, existo.

IX. La historia [ciencia universal basada en un alfabeto de los conocimientos humanos]: Dificultad de comprensión, aun en cuestiones intrascendentes y dentro de una misma familia, entre personas de distintas generaciones, que han vivido experiencias distintas; guerras aquí y allá, accidentes, homicidios, engaños, catástrofes.

El hombre: ¿Es que no supe hacerlo mejor? ¿No supiste encontrarte a gusto y en armonía? ¿No se le ocurrió ningún medio para impedir el mal, ser siempre feliz y vivir sin ninguna sombra en el horizonte? ¿No pudimos haber perfilado con más rigor las leyes para prevenir posibles situaciones degradantes del ser humano? ¿Por qué no lo hicieron?

El noventa y nueve por ciento de lo que se hace hoy carece de todo interés, nos somos ajenos: este mundo es el mejor, el óptimo de todos los que puedan pensarse como posibles.

X. ¿Dónde estoy? Me refiero a mí, no al cuerpo que habito. Me quiero ver o tocar y entonces creeré que existo; si es preciso acudiré a la mesa de operaciones a que me busquen, pondré en alerta todos mis sentidos, y cuando ellos me digan que existo, entonces no tendré el menor inconveniente en ocuparme de mí. Mientras no existan pruebas tangibles de mi existencia, podré admitirme como una ilusión, pero no como una realidad.

XI. Si todo lo que se dice debe ser verdadero, ¿no por esto es un deber decir públicamente toda la verdad?

¿Obrar de tal modo que la propia actuación pueda valer como principio de una legislación universal es realmente una exigencia interior sin porqué? ¿Es tan absurdo pensar en que esto pueda llegar a negarse si es indemostrable por la razón incluso al afirmarse?

La necesidad me sujeta con su implacable voz, y sus fieras amenazas me obligan a continuar dudando.

XII. Hay que recordar que para el sentido común la Tierra esférica no podía ser, pues los que vivían en el hemisferio inferior andarían cabeza abajo. Por otra parte, de acuerdo a las leyes, el juez habla de modo muy distinto al ser humano, y condena lo que, en cuanto ser humano, tal vez perdonaría. Y al presentarse a la iglesia, para que la propia inteligencia no quede envuelta en sentimientos santos, es preciso echar mano al bolsillo en medio de todo aquello y depositar la propia ofrenda en un platillo.

La historia no es el terreno de la felicidad, las épocas de felicidad son en ella hojas en blanco. Se quiera o no, uno pertenece a su época y está sujeto a sus limitaciones, es hijo de su pueblo y de su mundo.

Sin embargo, falta recordar: El pánico al error es la muerte del progreso. Nada grande se ha llevado a cabo sin pasión.

XIII. El sistema es un castillo inmenso, cuyo creador sólo puede refugiarse en un rincón oscuro. La vida no encuentra nunca sitio en un sistema lógicamente coherente, sino únicamente en el individuo, en lo concreto; el punto de partida de un sistema no dejará nunca de ser arbitrario, y su construcción no pasa de ser una simple posibilidad. A pesar de que no toda verdad es subjetiva, sí toda subjetividad es verdad.

Que un solo hombre y nada más que uno sea suficiente, que un solo hombre sea el todo y que con él sean posibles los mayores acontecimientos, esa es la mayor riqueza. La única realidad de la cual un ser tiene algo más que un saber, es su propia realidad. Se trata de encontrar una verdad que sea verdad para mí. ¿De qué me serviría construir un mundo en el que no fuera a vivir?

No comprenderme nunca me permite aprenderlo todo. Ser tan apasionadamente injusto conmigo decide mi vida. Si tuviera que pedir que se pusiera una inscripción en mi tumba, no querría sino ésta: Fue el individuo; aunque para ese entonces ya admita de mi vida sólo intentos.

XIV. Experimento la amargura de mi destino, dejando caer sobre mi lengua una gota de miel, y mientras me concedo este presunto beneficio, me miro a los ojos fijamente y con ánimo de molestarme. Conozco mi destino, alguna vez se asociará a mi nombre un simple recuerdo.

Las esperanzas ultraterrenas son sólo calumnias del más acá y mentiras del más allá, la nada divinizada y la voluntad de la nada santificada. Nacen de las angustias y las necesidades, se deslizan entre los errores de la razón, son mera cosa de niños retrotraída a lo espiritual. Tal fe no se demuestra, ella misma es en todo instante su milagro, su premio, su demostración, su reino.

Uno debe querer lo alto y no lo cómodo y mediocre, sin importar los tantos rebaños, pero el hombre es sólo un idólatra del concepto, mata y diseca cuando adora. A pesar de necesitar de la masa y la distancia que le guardo al estar referido a ella y vivir de ella, cuando se vive entre los hombres, se les desconoce; hay demasiada fachada en todos ellos.

XV. Es en el corazón del hombre donde reside el mal. El hombre no ha hecho sino dar saltos y sacudidas para llegar a descubrir que, por penoso que haya sido su ascenso, no importa el más abyecto final. El mundo se enfrenta con una carrera entre la razón y la muerte, y la razón es una fuerza muy débil en los negocios humanos.

Se habrá conquistado la libertad cuando los hombres dominen sus pasiones, lo que más se necesita para la felicidad es la inteligencia. No se necesita el pesaroso anhelo del pasado muerto, ni la paralización de la inteligencia libre mediante palabras proferidas por hombres ignorantes hace cientos de años; la moralidad corriente es una mezcla de utilitarismo y predominante superstición.

Los muros que nos encierran retroceden poco a poco, nos vamos sumergiendo crecientemente en la inmortalidad. Lentamente el río va haciéndose más ancho, las márgenes se apartan, las aguas corren más mansamente, y por último, sin ningún sobresalto visible, se funden sin dolor en el mar. En constante caminar hacia mi fin, si me duermo, quisiera dormir recompensado.

XVI. El dinero, que fácilmente es condenado por gente que se piensa virtuosa, cada día se convierte más en la verdadera sangre de la humanidad. Las palabras fascismo, comunismo y democracia ya no significan nada; vivan el futurismo, la universalidad y el personalismo. Las soluciones no vienen de los fósiles, se encuentran en el hombre de hoy en vista del hombre del futuro.

A nuestro alrededor no sólo hay hombres que se multiplican, también evolucionan y se perfeccionan. Sin conocimiento y sin inquietud por la verdad, no es posible el progreso. Sin embargo, la ley de todo esfuerzo es medirse con la inercia, o con algo peor aún, para crear. Aun herido, mantenerse erguido, casi rígido, impasible y sin quejarse, es muestra de orgullo y dignidad en el sufrimiento.

La visión del mundo real permanece tan cerrada a determinados creyentes, como el mundo de la fe está cerrado para quienes no son creyentes. Sólo el amor es capaz de unir todas las individualidades en un todo, un cierto equilibrio fundamental. La muerte no me preocupa, nada más cambiaré de estado; cuando nadie se preocupe de mí, estaré tranquilo.

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