La bestia.

Todo en este mundo se reduce a la esperanza. A cada persona de cada rincón de aquel pequeñito país sólo le quedaba la esperanza. Sin embargo, cada persona de cada rincón de aquel pequeñito país se había encargado de asesinarla. Sádicamente la habían torturado hasta morir, entre todos. Todas las personas de todos los rincones de aquel pequeñito país se turnaban para hacerle heridas diarias de todo tipo.

Cada uno de los infinitos miembros de la esperanza fue arrancado salvajemente por todas las personas de todos los rincones de aquel pequeñito país, y algunos incluso cocinaron su respectivo miembro en casa y lo comieron, y algunos otros hasta vendieron los trocitos como si fueran frituras en las calles.

La esperanza, que por extrañas leyes sociales siempre muere al último, había muerto. Cada personita de cada rincón de aquel pequeñito país estaba muerta. Era un país de muertos.

La culpa llegaba entonces al lugar para vengarse del asesinato, dividiendo a los muertos. Salían a caminar en grupos, culpando unos a otros de la ausencia de su esperanza. Algunos incluso envueltos en el cinismo que exponían sus pedazos de esperanza embarrados en la boca, pedazos descompuestos. Todos los muertos de todos los rincones de aquel pequeñito cementerio osaban culpar a otros, y se amarraban vendas en los ojos para marchar por las calles, sin rumbo ni destino alguno.

Se terminaron por definir dos grupos principales de muertos caminando por las ciudades. Los muertos gobernados se rebelaban en contra de los gobernantes muertos. Aquel nauseabundo cementerio ya no tenía dejos de haber sido un país, en ninguno de sus rincones y en ninguno de sus muertos. Eran sólo ruinas de un Estado muerto.

Habría que encerrar a todos los muertos en ataúdes y enterrarlos bien hondo para cortar el problema de raíz y empezar de nuevo. El problema eran todos. Entre las tumbas abiertas de las tierras infértiles de esta triste historia, los intereses volaban de un hoyo al otro como granadas. Debe ser bien entendido que el medio de control que conforman las leyes es una gran prueba de la maldad natural del hombre y su tendencia al egoísmo, pues no necesitaríamos de leyes y autoridades represivas si estuviera en nosotros la capacidad natural de vivir en armonía.

El gran problema en este caso era que tales tendencias humanas habían sobrepasado el medio de control. Ni los gobernantes muertos ni los muertos gobernados respetaban las leyes, el problema ya había contaminado medios y fines. Las leyes aumentaban y aumentaban en vano, pues en semejantes circunstancias no tenían otro fin que el convertirse en letra muerta. El gran país, querido antes por muchos, se había vuelto una bestia.

Se posaban gobernantes y gobernantes por la majestuosa silla de máxima autoridad y ninguno lograba cambios significativos; en cambio, luchaban por superar al máximo gobernante anterior a ellos en daños ocasionados a la nación. Los distintos grupos de muertos gobernados chocaban entre sí y en contra de los gobernantes muertos en turno. Las marchas cubrían las calles de críticas destructivas.

Comenzaban a aparecer héroes de objetivos dudosos y medios poco adecuados en una ciudad y en otra, y aquella sociedad de muertos se aferraba a uno y a otro, sedienta de ídolos, berreando por un partido y por otro y por nadies y ningunos. La forma de gobierno implementada hasta el momento era demasiado permisiva y los permisos otorgados a las distintas manifestaciones de los gobernados rayaban en lo libertino.

Para domar a una bestia no se puede ser tan permisivo, ni con los gobernantes ni con los gobernados. Era evidente, en el panorama llano y gris del territorio erosionado de esta triste historia, que habría que tomar decisiones drásticas para controlar a la bestia.

Sin embargo, por naturaleza, las expectativas nunca cumplen lo que prometen. Con su pedazo de esperanza todavía en las manos, las expectativas de Antonio García habían engordado mucho alimentadas del aún carente criterio del joven. Al haber engordado tanto, su capacidad productiva, evidentemente, había adelgazado bastante. El resultado más probable era la decepción.

Antonio García guardaba su pedazo de esperanza en el bolsillo y caminaba por las calles mientras lo tomaba fuertemente con su mano. Ajeno a cualquier grupo, se escabullía entre los muertos, acaso sólo moribundo. No era el único, seguramente, muchos otros habrán sido como él, pero muchos más que esos muchos eran los muertos.

Este personaje, sólo en potencia, se dedicó por un tiempo considerable a buscar soluciones, pero la inmensidad del problema le picaba los ojos. Un día el pedazo de esperanza que conservaba comenzó a marchitarse. Al sacar la mano del bolsillo, Antonio sacó sólo restos de una viscosidad oscura y fría. Se dio cuenta de que estaba muriendo.

Empezó a correr, desesperado, intentando buscar algún otro pedazo, y sólo encontró muertos. El peor fracaso de su vida sería terminar caminando sin oficio ni beneficio por las calles, como sus compatriotas muertos.

Ese día recorrió la orilla del gran lago en el corazón de la bestia que antes fuera su país. El lago se estaba evaporando, sólo quedaban restos de agua turbia, y apenas también los restos de un águila, quebrándose entre los colmillos largos y afilados de una serpiente obesa y verde.

Antonio García se acercó a donde sucedía la masacre. Saltó entre los pequeños charcos del lago hasta llegar al nopal que abandonaba la serpiente satisfecha. Decidió abrazarlo hasta que lo mataran definitivamente las espinas.

Y el nopal se llenó de su sangre, y de su sangre también los charcos. El lago de sangre terminó de evaporarse y las flores del nopal marchitaron. Ha dejado de latir el corazón de Copil.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s