Mecánica social.

Un sistema podría concebirse como un conjunto de elementos relacionados entre sí, los cuales actúan o se comportan obedeciendo a ciertas normas o reglas, con el compromiso de llegar a un fin común determinado o algún objetivo compartido. Todo sistema tiene una misión, es decir, que existe para cumplir con un objetivo determinado; es por ello que las partes o unidades del conjunto no deben considerarse como elementos aislados, sino como elementos interdependientes que deben contribuir al cumplimiento del fin colectivo.

Este enfoque sistémico, fundado por Ludwig Von Bertanlaffy en el comienzo de la década de los cincuentas, comenzó como parte de la teoría general de la biología, intentando explicar el funcionamiento del cuerpo y la naturaleza humana. Sin embargo, todo lo que existe en el universo se puede conceptualizar como un sistema, por lo que todo es susceptible de ser analizado como tal: células, átomos, órganos, empresas, instituciones y un largo etcétera.

Debido a que todo es susceptible de ser conceptualizado como sistema, y al hablar de un todo, hablamos de una inclusión total de elementos, entonces el universo mismo no se escapa de esta proposición. Si el universo mismo es, en su totalidad, un gran sistema, cada uno de los sistemas que existen dentro de él, como el sistema político, el sistema económico, el entorno social y el entorno tecnológico, funcionan como grandes elementos del sistema total que forma el universo.

Esto significa que no sólo los elementos de un sistema son interdependientes o están íntimamente relacionados entre sí, sino que además cada uno de los sistemas también lo están, todos los sistemas se relacionan. Aterrizando en el caso específico de una empresa, entendida como un sistema más, se puede decir, entonces, que este complejo sistema que constituye la empresa no puede enfocarse sólo a sí misma y los elementos que la componen, sino que tiene que concebirse ella misma como uno de los engranes de un sistema mayor.

Con ello se puede retomar otra idea importante de Ortega y Gasset, cuando menciona, unas cuatro décadas antes del enfoque sistémico de Bertanlaffy, la famosa frase: Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo. Salvar las circunstancias, las apariencias, los fenómenos; es decir, buscar el sentido de lo que nos rodea.

Al aplicar el contenido de la frase a las ideas ya establecidas en el presente escrito, se puede observar una relación bastante congruente con todas ellas. Esta línea filosófica puede ayudar a comprender cómo la empresa, ahora entendida como un sistema, tiene que ajustar su enfoque no sólo a sus propios elementos y el funcionamiento de éstos como un sola estructura, sino a las circunstancias, las cuales no son más que todos aquellos elementos o sistemas no pertenecientes formalmente a la empresa, pero importantes en el sentido de que constituyen el entorno en el que la empresa se desenvuelve.

Para concretar todo esto, se podría llegar a una traducción aproximada y decir que el sistema es él y su circunstancia, que la empresa es ella y su circunstancia. Si la empresa quiere lograr sus objetivos, tiene que tomar en cuenta a las condiciones del entorno en el que se encuentra, las cuales están determinadas por las acciones y respectivas consecuencias de otros sistemas ajenos a la empresa, que a pesar de ser externos a ésta poseen una fuerte influencia, pues como ya se ha dicho, también los sistemas son grandes elementos de un sistema aun mayor, y como tal son interdependientes, por lo que sus movimientos afectan a otros sistemas inevitablemente.

La empresa así entendida debe prever, por ejemplo, las amenazas y las oportunidades que se presentan en el entorno, y no sólo las fortalezas y debilidades que posee. Visualizando con anticipación las amenazas del entorno, se pueden tomar acciones que logren reducir o evitar dichas amenazas con ayuda de las fortalezas de la empresa; de igual forma, si se logra el aprovechamiento de las oportunidades que se presentan también como parte del entorno, se pueden disminuir o eliminar ciertas debilidades. Logrado aquello, se puede proceder a la corrección de las debilidades, la adaptación ante las amenazas, el mantenimiento de las fortalezas y la exploración de las oportunidades.

Finalmente, podríamos aterrizar todo lo anterior al caso concreto del individuo, considerando las ideas expuestas de Ortega y Gasset y la teoría de Bertanlaffy en sus enfoques básicos originales. De esta forma, tomamos al ser humano como un ente social en interacción necesariamente constante con otros seres humanos y con el entorno en el que se desenvuelve. Es así que se vuelve evidente la importancia de la interacción social como lubricante para los engranes del gran sistema social, o sociedad, que juega un papel fundamental como punto de partida para otros sistemas.

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